Escalada en Bolonia (Cádiz) - Sueños del moro
Después de llevar algún tiempo escalando es fácil que a uno empiece a rondarle en la cabeza la idea de abrir una nueva vía. No es fácil y no está exento de riesgo pues nunca sabe uno lo que se va a encontrar, si podrá superar todos los obstáculos, si valdrá la pena, si podrá regresar de allí adonde ha subido.
En definitiva, y salvando las distancias (pues aquí nos referimos a una actividad meramente lúdica), guarda cierta relación con el camino que emprende quien en busca de una vida mejor, o simplemente de una condición a la que pueda calificarse mínimamente de "vida" lo deja todo para algún día regresar a su tierra, con sus seres queridos, en mejor situación, y con una alta probabilidad de, a cambio, perderlo todo.
La vía de escalada que a continuación se describe pretende ser un recordatorio del sufrimiento que muchos seres humanos padecen por el mero hecho de ser pobres. Esperamos que se repita muchas veces, y no sólo para poder afinar el grado (se agradecen opiniones al respecto) sino para rendir homenaje a todos nuestros hermanos africanos.
Ahí va. ¡A disfrutarla!
Una calurosa mañana de agosto del año 2003, concretamente del día 17, Jaime Hernando y Pablo Parrón, ascienden unas atractivas placas situadas en la no menos atractiva ensenada de Bolonia. La playa de Bolonia es conocida por ser una de las pocas en la zona que aún no ha sucumbido a la incontenible ola inmobiliario-especuladora que asola las costas gaditanas, lo que unido a su particular ubicación la convierte en mirador idóneo hacia la cercana África y máquina de sueños de las escaladas que en las bien visibles tierras rifeñas pueden disfrutarse.
Vista de la pared desde la carretera
Para acceder a las placas hay que acercarse a la Playa de Bolonia. Viniendo de Cádiz por la N-340, nos desviamos a la derecha en el kilómetro 69 y en unos kilómetros estamos en Bolonia. Tomamos una pequeña carretera a la derecha que nos lleva a “La Semilla” (hay señal indicativa), saliéndonos así de la carretera por la que venimos y que desemboca en las ruinas romanas de Baelo-Claudio. “La Semilla” es un agradable paraje en el que podemos pernoctar y que supone una alternativa perfecta a los usualmente abarrotados campings de la zona. A unos cuatro a cinco kilómetros encontramos un desvío, donde tomamos la carretera de la izquierda (la de la derecha nos lleva hasta “La Semilla”). Ya no queda más que seguir la carretera hasta quedar justo en frente de la pared. No confundir la pared con otra que queda más atrás, hacia el Este, conocida como “Placas de Bolonia”.
Campo a través, ya que no hay camino claro, en unos 10 minutos estamos a pie de vía. Escogemos la zona derecha de la pared donde tras ascender un pequeño bloque comenzamos a asegurar. El primer largo (IV), de unos 20 metros, es sencillo, pese a su verticalidad, gracias a los numerosos agarres que nos proporciona la roca erosionada por el viento del Estrecho. Montamos reunión al llegar a una repisa plagada de cactus.
El segundo largo (V+, 40 metros) comienza con un paso delicado de desplome que podemos proteger desde arriba con un par de friends y en el que hay que tirar bien de brazos para luego continuar por terreno similar al del primer largo.
Montamos reunión en otra repisa y comenzamos el tercer largo (V-, 15 metros) con una delicada travesía a la izquierda para luego, si queremos, hacer una corta trepada que nos sitúa en la cima deparándonos una espectacular vista del Estrecho de Gibraltar y de las montañas del Rif ya en la hermana África (lamentablemente también veremos unas características instalaciones militares, probablemente la causa de que Bolonia no se haya convertido en Benidorm, al estar restringida la construcción por intereses de la defensa nacional).

El descenso se realiza tomando dirección Este, por donde debemos bajar un pequeño resalte preparando un rápel (de no más de 5 metros), que también podemos evitar destrepando con cuidado hacia un árbol que nos servirá para bajar al suelo. A partir de aquí no hay más que seguir el camino hasta el punto de partida.
Calcular un tiempo de unas dos horas y llevar cintas para puentes de roca y algunos friends y fisureros. La vía está totalmente desequipada si bien los numerosos agarres existentes permiten montar con facilidad seguros y reuniones.
noemi dijo
im-presionante
Me encanta tu página.
Noemí
5 Abril 2006 | 05:43 PM