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Categoría: Alpinismo

12 Octubre 2009

INTENTO CRESTA SALENQUES-TEMPESTADES AL ANETO

Suele decirse que la ascensión al Aneto (3.404 m.) por la cresta de Salenques-Tempestades es la forma más elegante de alcanzar la cima más alta de los Pirineos. Desde luego es la más larga, se desarrolla en terreno totalmente alpino y exige además tramos de escalada por encima de los tres mil metros. Todo ello unido a una aproximación exigente y las frecuentes tormentas atraídas por sus escarpadas agujas, aconseja acometer esta ascensión en buena forma, con anticiclón asegurado, una correcta planificación y muchas ganas.

Es la tercera vez que me propongo hacer esta ruta. La primera fue en junio de 2004, con Luis Sebastián. La previsión meteorológica era estupenda y lo planteamos con mochilón y todo el equipo de vivac. La idea era hacer la aproximación y dormir lo más cerca posible de la cresta para hacerla del tirón al día siguiente, pero el calor y el cansancio cuando llegamos al Collado de Salenques cargados como mulas nos aconsejaron darnos media vuelta y dejarlo para mejor ocasión.

La segunda vez fue a finales de septiembre de 2005, esta vez con Pablo Renedo. A Pablo no le gana nadie planificando una actividad y lo llevábamos todo medido para, con el peso estrictamente necesario, hacer la cresta durmiendo a lo largo de la misma sin penalizar el confort, bien preparados para el vivac. La previsión meteorológica no era mala pero cuando llegamos a la primera de las Torres de Salenques, inicio del tramo más difícil de toda la cresta, nos sorprendió una tormenta descargando una buena carga de granizo que lo dejó todo mojado. Además, ya habían caído los primeros copos de la temporada, y habíamos encontrado algunos pasos delicados en este primer tramo de la cresta con pequeños neveros, que normalmente no lo son. Aunque lo mejor hubiera sido retroceder sobre nuestros pasos y volver por el Collado de Salenques, el temor a estos pasos delicados, que ahora estarían mojados hizo que optáramos por hacer un par de rápeles de fortuna hacia el valle de Llosàs, al Sur. Como llevábamos cuerdas largas en dos rápeles estábamos abajo pero teníamos que volver hacia el Collado de Salenques subirlo por esta vertiente y bajar por la misma ruta de subida. La cuestión es que entre el cansancio y lo escarpado que nos parecía todo el terreno bajamos por el valle sin saber muy bien a dónde nos llevaría. Después de una bajada interminable entre miles de bloques y un bosque de hayas muy bonito al final, llegamos a una carretera que resultó ser la N-230, en un punto intermedio entre las poblaciones de Aneto y Vielha, a 70 kilómetros de nuestro vehículo y punto de partida.

Esta vez vamos Luis González y Pablo Parrón, y elegimos el fin de semana del 8 al 9 de agosto de 2009. Han pasado cuatro años desde la última vez que estuve aquí y para Luis es la primera. En todo este tiempo no creo que haya mejorado mucho mi nivel de escalada, bastante básico, pero sin duda he mejorado notablemente la resistencia física. A Luis le he conocido este invierno y ya se bien que no puedo ir con él a cualquier parte porque escala bastante más, pero para esto la cordada es ideal.

Salimos de Madrid el viernes 7 de agosto a las 18,00 h. y llegamos a Benasque sobre las 24,00 h. Dormimos bajo los techos del edificio que hay a la entrada del Camping Municipal de Benasque, al comienzo de la pista que lleva al Valle de Coronas y a las 5,00 h, suena el despertador. Bastante rápido recogemos y subimos con el coche hasta el aparcamiento que hay en la valla que corta el paso al vehículo particular hasta el Hospital de Benasque. Desde este punto, en los meses de verano, el Ayuntamiento de Benasque cierra el paso al tráfico rodado y habilita un autobús que sube y baja hasta la Besurta cada media hora desde antes del amanecer. Llegamos justitos para subir al autobús de las 5,30 h. y aprovechamos los quince minutos de trayecto para desayunar.

Amanecer en el Plan de Aigualluts

A las 5,50 h. salimos hacia la Cresta de Salenques. Desde la Besurta hay que seguir las señales hacia la Renclusa y el Forau de Aigualluts. Cuando el camino hacia el refugio se desvía a la derecha, nosotros seguimos recto hasta el Forau de Aigualluts (cartel indicador). Tras el Forau sigue la pradera del Plan de Aigualluts. Se avanza por el lado izquierdo hasta casi el final, donde otro cartel indicador indica la dirección hacia el Valle de Barrancs. El camino remonta el río por el margen derecho y se pone más pendiente. Poco antes de llegar al Ibón de Barrancs es mejor remontar un vallecito paralelo a la derecha que nos lleva a la Colladeta de Barrancs (2.480 m.), evitando así pasar por el mismo ibón, plagado de enormes bloques a lo largo de toda la orilla que hacen el avance bastante más penoso.

Ultimos metros de desnivel hasta el Ibón de Barrancs

Ibón de Barrancs

Desde la colladeta ya es bien visible toda la cresta y no hay más que seguir entre bloques y hitos en dirección al Collado de Salenques. A diferencia de los otros intentos ahora optamos por subir directamente hacia la Forca de Estasen, primer tres mil de la cresta, a la derecha del collado, por una especie de nervio en diagonal hacia la derecha que atraviesa un pequeño nevero y nos lleva al filo de la cresta. Aunque el final hay que utilizar las manos y el terreno se viene abajo a cada paso, es mucho más cómodo que la subida por el Collado de Salenques, que ya conozco, aún más descompuesto y empinado.

Llegando a la Forca de Estasen

Vista de la cresta desde la Forca de Estasen

Esta vez el planteamiento ha sido ligero, vamos con lo justo para hacer la cresta en el día y volver hasta abajo. Nada de saco, ni funda de vivac ni comodidades de ninguna clase. El material de escalada que hemos considerado necesario, algo de comida y abrigo (poco), y dos litros de agua cada uno. Yo llevo los pies de gato, por si acaso, pero Luis ni se lo ha planteado. La previsión meteorológica no es nada halagüeña pero con lo que nos ha costado ponerle fecha a esta aventurilla y el calor que hace en Madrid tenemos claro que es mejor pegarnos el viaje y, a las malas, tener que volvernos habiendo dado un simple paseo por la zona, que bien vale la pena, que quedarnos en casa. Además, no sería la primera vez que con mala previsión luego hemos tenido un día de montaña estupendo. Aunque normalmente hasta el inicio de la cresta tardaremos cuatro horas, al ir ligeros tardamos poco más de tres. Las nubes cubren el cielo y andando no hace nada de frío. En la Forca de Estasen nos ponemos arnés y casco y comenzamos a cabalgar hacia el Aneto. A pesar del mal tiempo anunciado las nubes han descendido y luce el sol en un espléndido cielo azul. Un mar de nubes de foto cubre a nuestros pies todo el valle de Barrancs y pensamos que tenemos tiempo suficiente para hacer la cresta antes del atardecer, cuando las tormentas son más frecuentes en el Pirineo.

La primera parte de la cresta no ofrece ninguna dificultad especial y el camino se deja encontrar con relativa facilidad. En caso de duda, siempre por la vertiente de Barrancs. Atravesamos un pasamanos de unos treinta metros con parabolts nuevecitos que no recuerdo en los intentos anteriores. Ahora no hace falta ni tocarlo pero con algo de nieve en la cresta seguro que se agradece echarle el guante. En poco menos de media hora llegamos a la primera Torre de Salenques (IV), donde sacamos la cuerda. Unas fisuras claras con tendencia hacia la derecha, valle de Barrancs, parecen fáciles y por ganar tiempo no me pongo los pies de gato. Con algún friend y alguna cinta para bloques se puede proteger fácilmente y en unos 20 metros llegamos a una brecha con dos clavos y cintas viejas para montar reunión. No hace falta llegar hasta la cima de la torre y en la brecha veremos el paso conocido como la Pajarita de Papel, un agujero formado por roca con esta forma (con algo de imaginación) por el que no es obligado pasar. A continuación tenemos la característica Torre de Salenques, que no se escala y se supera con un rodeo en travesía por su parte derecha. Sin ser difícil, la travesía es impresionante por el patio que presenta y con las botas tiene su gracia (IV+). Al final de la travesía una evidente canal (III+) sube ligeramente a la izquierda hasta la base del Primer Resalte de Salenques, una pared vertical de unos 40 metros que se puede escalar en uno o dos largos. Hay que tener cuidado en no pasarse la canal, alargando la travesía más de lo debido, de lo que no nos percatamos con lo que nos metemos en el primer embarque. Luis estira la travesía hasta rodear también el Primer Resalte de Salenques y llega a una canal que sale a la izquierda con un aspecto bastante imponente. Un microfriend empotrado y algunas citas dan fe de más embarques en este punto en lo que parecen probables rápeles de abandono. Aunque Luis llega a intentar subir por la canal enseguida ve la dificultad, más con las botas, y lo expuesto del terreno, que además desploma progresivamente, y regresa a la reunión que hemos montado. Pasa a asegurarme él a mí y retrocedo la parte final de la travesía con un paso muy expuesto para alcanzar la canal correcta. Le aseguro hasta mí y subimos rápidamente por la canal unos treinta metros hasta la base del Primer Resalte de Salenques. Nunca se puede descartar un embarque en este terreno y de momento se puede decir que seguimos disfrutando mucho de la escalada.

Luis comienza a escalarlo (IV+) por una fisura evidente con buenos agarres un poco a la izquierda, justo por el filo de la cresta. En unos 15 metros se llega a una plataforma en la que es posible montar reunión o continuar los 20 metros que faltan hasta la cima. Decide montar reunión y me asegura mientras subo y voy retirando el friend y la cinta del único clavo que ha usado para proteger el largo. En cuanto llego a Luis veo como está mirando la espesa niebla que de repente viene del valle de Llosàs.

El segundo largo lo hago recto, por tres clavos muy juntos justo por encima de la reunión que protegen al paso más comprometido (V+), que no dudo en acerar sin miramientos un poco nervioso por la niebla que se está metiendo rápidamente. Se trata de un pequeño desplome que da paso a terreno más sencillo hasta la cima del resalte donde monto reunión en un bloque. La niebla se ha metido definitivamente, pero pienso que ya hemos superado la parte más difícil y sonrío pensando que por fin voy a hacer esta cresta que tanto se me está resistiendo. Además, a pesar de nuestro embarque, todavía no es la una del mediodía y, en teoría, la parte de la cresta que nos queda no debería llevarnos más tiempo del que hemos tardado hasta aquí desde la Forca de Estasen, unas tres horas con lo que se cumpliría nuestro horario de estar de bajada, por camino que ya conocemos bien, sobre las cuatro, antes del horario en que son más frecuentes las tormentas. Recupero a Luis, que sube muy rápido y también acera en los clavos del paso clave. En cuanto llega guardamos la cuerda y seguimos, metidos en una espesa niebla mientras escuchamos no muy lejos algunos truenos con sus correspondientes relámpagos surcando líneas de luz entre las nubes oscuras.

Pasamanos en el primer tramo de la arista

Primera Torre de Salenques (IV)

Desde la reunión en la primera Torre de Salenques

Mar de nubes en un entorno excepcional

Paso de la Pajarita de Papel

Rodeando la segunda Torre de Salenques

Impresionante travesía en la segunda Torre de Salenques

Primer largo del primer Resalte de Salenques (IV+)

Recuperando a Luis desde la cima del primer Resalte de Salenques (V+)

Las nubes comienzan a taparlo todo

Diedros camino del Margalida (ya vamos por
mal camino. aunque encontramos algún clavo)

Desde la cima del Primer Resalte de Salenques hay que destrepar por terreno delicado (III+) unos quince o veinte metros. Una cinta en un bloque invita a rapelar pero, otra vez por ganar tiempo, destrepamos con cuidado. En teoría, desde aquí la cuerda ya no es necesaria, pero como siempre dependerá de la destreza que tengamos en este terreno. Al pie del destrepe vemos dos parabolts nuevecitos con una cinta para hacer otro posible rapel, suponemos que para abandonar la cresta. Pero el camino sigue remontando otra vez hacia el filo de la cresta por unas placas fisuradas de similar dificultad (III+) y longitud que el destrepe, unos quince o veinte metros. Cuando llegamos al filo la niebla no deja ver más allá de diez metros y perdemos toda referencia sobre el camino correcto. En vez de tomar la dirección acertada, que sería por la izquierda, por el valle de Llosàs, donde al parecer no hay más que seguir los hitos por terreno fácil incluso con alguna traza de sendero sin volver al filo de la cresta hasta la cima del Margalida, seguimos la cresta por la derecha, por el valle de Barrancs por donde parece más evidente. Unos cuantos metros de descenso e iniciamos una sucesión de diedros que no nos parece "relativamente fácil", como indica la reseña. Vamos sin encordar y en algún momento la exposición es considerable con algún paso de III+/IV, pero pasamos un clavo y un envoltorio de una barrita de cereales que parecen indicarnos el buen camino. Al final de los diedros, algunos bloques y estamos otra vez en el filo de la cresta pero parece imposible continuar. No vemos nada a más de 10 metros y desde el punto en que estamos asomamos la cabeza en todas las direcciones imaginables sin ver ningún paso factible.

Es evidente que estamos otra vez embarcados y los truenos que venimos oyendo desde hace rato ya están casi encima. La punta metálica del bastón que llevamos en la mochila y el material de escalada que todavía pende de nuestro arnés empieza a generar un leve silbido generado por la carga eléctrica que se percibe en el ambiente. No sé si será mi imaginación pero veo la misma cara de preocupación en el rostro de Luis y empezamos a angustiarnos. Estamos perdidos en medio de una gran cresta en un punto muy expuesto a los rayos y sin posibilidad de continuar sin hacer algún rapel hacia no sabemos dónde o montar algún tipo de tinglado. Ni falta decir que no hemos visto a nadie desde que salimos de la Besurta y debemos ser los únicos pardillos que hemos venido aquí con una predicción meteorológica tan poco favorable.

Es difícil asumir la decisión de tener que retirarse cuando es la tercera vez que te pegas la paliza de aproximación hasta el Collado de Salenques pero la situación convierte esta decisión en bastante sencilla, a falta de otras. Enseguida llegamos a la conclusión de que lo mejor es volver sobre nuestros pasos, rapelar por la misma ruta de subida las Torres de Salenques y bajar de la cresta por la Forca de Estasen o el Collado de Salenques, y ya habrá oportunidad de volver más adelante. No obstante, se plantea el problema del delicado descenso por los diedros que hemos subido. No sabemos bien cómo pero vamos retrocediendo poco a poco aunque no es exactamente el mismo recorrido. Resulta más sencillo, aunque siempre por terreno descompuesto del que exige toda la atención, hasta que llegamos a las cercanías del Primer Resalte de Salenques. Una placa de unos 25 metros nos separa de la cima donde podríamos montar el rapel en el mismo punto en el que montamos la reunión al escalarlo. Como es muy expuesta y la caída por necesidad mortal, Luis decide hacer un flanqueo hacia la izquierda por una panza de la pared que oculta el otro lado. Cuando le veo pasar con las botas por pequeños agarres con el vacio por debajo se me ponen los pelos de punta y más cuando me dice que lo que ve al otro lado es un diedro que no parece nada fácil como única salida hacia la cresta.

Luis lleva la cuerda en la mochila y ni se me hubiera ocurrido pedirle que volviera a pasar la panza para volver hasta mí, ni me veo capaz de pasar al otro lado. Otra vez la decisión es sencilla por falta de otra posibilidad y decido subir por la placa. Las suelas de las botas de cuero duras Kamet Enduro que llevo responden a la perfección y voy superando la placa entre abombamientos y agarres mientras cada treinta segundos oigo a Luis preguntarme, sin poder verle pero sólo unos quince metros a mi izquierda, que cómo voy y yo le pregunto lo mismo a él. Parece que escuchar al compañero aporta cierta tranquilidad, a falta de cuerda y conocimiento del terreno por el que nos movemos. Los truenos ya están encima y cuando todavía me faltan unos diez metros de placa empieza a granizar mojándolo todo rápidamente. En este momento ya no estoy disfrutando de la escalada y sólo el deseo de disfrutar de las experiencias que da la vida, evita que la mente se me embote y el miedo me bloquee en esta mierda de cresta. Cuando oigo a Luis gritarme que ha conseguido llegar arriba y ha localizado un rápel que podría ser nuestra salvación, tardo poco en llegar también arriba y verle de espaldas con su forro rojo chillón afanándose en montar el rápel, que refuerza con una de sus cintas. Cuando me ve sé que suspira igual que yo, pero sin hablar me muestra un hoyo que permite rapelar a una especie de cueva protegida parcialmente de la lluvia, que ahora cae fuerte con truenos intermitentes y a veces muy seguidos.

Rapela él primero y luego le sigo mientras me grita que ha encontrado otra instalación, un clavo con un cordino que no presenta el mejor aspecto del mundo. Esperamos unos minutos a que amaine la tormenta pero como la cosa sólo parece que puede ir a peor decidimos seguir bajando. El clavo no está introducido completamente en la grieta y veo como chiclea la cabeza mientras baja Luis. Luego bajo yo, también con cuidado, y recuperamos la cuerda sin problemas. Unos quince metros por debajo vemos un hito grande que no nos explicamos qué indica. Se puede destrepar por una especie de caminito, lo que en esta situación da una alegría considerable, hasta el hito y vemos que está en una repisa desde la que se ven varias instalaciones de viejos rápeles con clavos y bloques. Parece que aquí hemos confluido muchos en distintas retiradas y optamos por la instalación que nos parece más segura. En cuanto Luis desciende los primeros metros ve claramente que con los 25 metros de cuerda que tenemos llegamos definitivamente al suelo. Siento un gran placer cuando le oigo decirlo y empiezo a pensar que la próxima vez todo será más fácil porque ya casi me conozco esto como la palma de mi..., ¡pero qué leñe, debo estar enfermo!

La especie de cueva en la que nos deja el primer rapel

Sucesión de rápeles hasta el pie de la pared, en la vertiente de Llosàs

La pared por la que acabamos de
rapelar para abandonar la cresta de Salenques

Aunque menos, sigue lloviendo y tronando, pero ya no nos importa tanto y sabemos que no tenemos más que retroceder hasta el Collado de Salenques para volver al valle de Barrancs y luego hasta la Besurta, coger el autobús hasta el Hospital de Benasque y dormir plácidamente en los sacos que tenemos en el coche. Por cierto, encontramos una cuerda abandonada al pié de los rápeles, bastante deteriorada por las inclemencias del tiempo, que allí dejamos.

Pero la realidad va a ser bien distinta. Entre la niebla, la lluvia y el escarpado terreno que constituye el valle de Llosàs nos resulta complicado encontrar el camino correcto para volver al paso del Collado de Salenques y tras una buena caminata llegamos a la conclusión de que nos hemos perdido. Después de haber pensado en varias ocasiones que ya veíamos el paso, alegría a la que seguía la decepción de descubrir el error, estamos al borde del agotamiento. La opción de un vivac a 2.000 metros, sin saco ni esterilla, prácticamente con lo puesto, al raso y lloviendo, no nos atrae lo más mínimo pero cuando vemos una nueva bajada y subida para llegar a lo que, por enésima vez, pensamos que es el collado la realidad se impone. Si seguimos y resulta que nos hemos vuelto a equivocar estaremos muy cansados, a más altura y sin posibilidad ya de continuar. Los calambres en las piernas ya han avisado y cuando todavía estamos dándole vueltas al tema, al fondo del valle aparece una edificación que tiene toda la pinta de ser un buen refugio. Es todo un alivio y en cuestión de segundos me veo tomando una buena cena y un refresco comentando con Luis la jugada, a lo que seguirá un merecido descanso entre las mantas del acogedor refugio.

La decisión es rápida y ahora se impone buscar el mejor modo de destrepar una sucesión de cortados y los aproximadamente trescientos metros de desnivel que nos separan de lo que en este momento nos parece la civilización. Tras una primera parte en la que fácilmente vamos encontrando canales y terrazas de hierba y grandes bloques que nos permiten descender llegamos al último cortado. Primero hacia la derecha, imposible, y luego hacia la izquierda, tampoco. Miramos por todas partes y llego a pensar que vamos a tener que hacer un rápel delicado entre chorreras de agua que con la lluvia de todo el día, sigue sin parar aunque ya es muy suave, son auténticas cascadas, cuando Luis me llama y señala un pequeño resalte de hierba a unos cincuenta metros. Nos acercamos y aparece una empinada canal de rocas chorreantes y hierba, una auténtica pista de patinaje en la que caerse supondría un serio incidente. Pero parece posible destrepar y después ya es evidente el terreno llano en el que está literalmente anclado el refugio. Nos parece ver luz pero resulta preocupante no ver a nadie en la puerta ni en los alrededores. Es imposible que en un refugio de ese tamaño y en un entorno tan bello, no haya nadie en los alrededores o charlando en la puerta disfrutando de la puesta del sol. Son casi las ocho y ya llevamos más de catorce horas sin parar. Bueno, si no hay nadie no importa, no habrá cena como dios manda pero llevamos alguna cosilla para picar y dormiremos bajo techo para levantarnos como nuevos.

Poco a poco vamos destrepando, con especial cuidado de evitar resbalones, y llegamos al llano sin mayores complicaciones. Mientras nos acercamos al refugio no hablamos. Se trata de una edificación cuyo suelo está elevado poco más de un metro sobre finos pilares clavados en una gran roca relativamente plana. Un gran techo negro inclinado a ambos lados del refugio llega hasta muy abajo cubriendo todo el edificio. Bajo el suelo, un gran charco formado por la lluvia centellea como un espejo con los últimos rayos del sol. Era la luz que nos había parecido ver en el refugio. El disgusto que nos llevamos al llegar a la puerta prefiero no describirlo para ahorrarme el recuerdo. La puerta está cerrada a cal y canto y, al igual que en todas las ventanas, una gran plancha de metal está atornillada formando un auténtico búnker. Por no haber no hay ni manilla, ni siquiera cerradura alguna que permita adivinar cómo podrá entrar siquiera el desalmado que ha puesto esta trampa en la montaña. Unas semanas más tarde, investigando un poquito por la red, supe que se trata de un refugio privado para cazadores, que por cierto, viene señalado en el mapa de la Editorial Alpina.

Refugio privado para cazadores (¿?), cerrado a cal y canto

Sin prejuzgar la idoneidad de situar una propiedad privada en un entorno de alta montaña, parece lamentable que el Gobierno de Aragón, como cualquier Administración que actúe de manera similar en cualquier región, no se preocupe por adecuar directamente o bien instar al propietario de una casa en una ubicación semejante a adecuar un pequeño espacio cerrado (no hacen falta más que cuatro paredes y un techo), como sucede en la mayoría de grandes refugios en los que, por seguridad y un elemental deber de socorro, se habilita una parte libre cuando el refugio permanece cerrado. O si no, que coloquen un luminoso con una calavera bien grande en el techo del presunto refugio para que nadie se juegue la vida intentando llegar a lo que, en muchas situaciones, no puede parecer más que lo que nos pareció, la salvación en una situación delicada. Es como colocar a un niño hiperactivo, atiborrado de anfetaminas y disfrazado de superman en la azotea de un edificio después de haber visto tres veces seguidas toda la serie de películas de su héroe favorito...

Tras disfrutar del derecho al pataleo no queda otra que ir pensando en la mejor forma de organizarnos para pasar una noche poco prometedora. En la parte más plana de la gran roca sobre la que se alza el suelo del refugio un murito de piedra de escasos cuarenta centímetros de alto, vestigio de algún otro desdichado que ha pasado aquí la noche, forma un pequeño parapeto contra el viento, en la única zona en la que no hay charcos. Mientras voy sacando la poca ropa de abrigo que llevamos entre los dos, Luis da una vuelta antes de que anochezca del todo en busca de algún camino, señal o algo que nos indique dónde estamos.

Luis vuelve sin haber encontrado nada, cuando ya es casi de noche, y tomamos unos croissants y algo de leche condensada. Metemos medio cuerpo en las mochilas vacías y nos acurrucamos espalda con espalda tapados por una ligera manta térmica que al cabo de unas horas de dar vueltas se raja en varios trozos. Es difícil pegar ojo encima de una piedra húmeda, con los pies mojados y el cielo iluminándose intermitentemente con los resplandores de rayos que truenan a los pocos segundos. Aunque la temperatura no creo que bajase de los 5 o 6 grados nos pegamos unas buenas tiritonas y las diez horas que estamos intentado dormir se hacen eternas.

Con los primeros rayos, sobre las 7 de la mañana, empezamos a recoger mientras intentamos desentumecernos y observamos el cielo completamente nublado que nos depara el nuevo día. Al menos no llueve y acordamos tratar de alcanzar un collado que creemos debería ser el Collado de Salenques, para volver al coche, y en caso de volver a equivocarnos, descender por el escarpado valle que baja hacia no sabemos dónde.

Al llegar al supuesto Collado de Salenques, una nueva muralla a lo lejos franquea el paso al Valle de Barrancs. Desesperados, y como la cosa no está nada clara, asumimos definitivamente que estamos perdidos y comenzamos a bajar por el valle que muy probablemente lleve a alguna población. Algunos hitos marcan el tortuoso camino que entre bloques cruza varias veces un barranco y nos obliga a descalzarnos para atravesarlo en una ocasión. Según perdemos altura empiezan a aparecer algunos árboles y surge un sendero que desciende por un precioso bosque plagado de frutos silvestres, moras, arándanos... Tras casi tres horas de bajada el camino desemboca en un pantano por el que pasa una carretera y vemos a las primeras personas desde que subimos por Aigualluts. Han parado para ver el pantano y nos confirman la dirección hacia Benasque. Estamos en Lérida, a unos quince kilómetros de Vilaller, y unos sesenta de Benasque.

Aunque sobrevenida, la bajada por este valle bien vale una visita

Se impone hacer autostop y no tarda en recogernos un simpático catalán que resulta ser monitor de esquí de Baqueira Beret. Viaja con su hijo Jaume de siete años y tenemos una animada conversación montañera hasta que nos deja en el cruce hacia Benasque que está pasado Vilaller.

En el cruce estamos una media hora sin que haya suerte y, a pesar del cansancio, preferimos andar unos dos kilómetros hasta un camping en el que probablemente alguien salga para Benasque y donde pensamos comer algo. El camping resulta ser excelente y en el propio cruce un joven con una Mercedes Vito se ofrece para llevarnos hasta Benasque si seguimos en el cruce en lo que come con un amigo. Resulta grato comprobar que aun existen personas que desinteresadamente hacen un favor a otras en un mundo que lleva otra deriva. En lo que esperamos para un chaval que viene de hacer la Carros del Foc él solito, sin ayuda de refugios, y con un mochilón de impresión. Viaja en un Ford Fiesta rojo y se dirige hacia Benasque. Está encantado de llevarnos y volvemos a charlar animadamente con otro loco de las montañas. Se llama José y resulta ser un buen escalador muy aficionado a las competiciones. Después de contarnos mutuamente unas cuantas batallitas llegamos a Benasque y José se ofrece a acercarnos hasta el Hospital de Benasque, donde tenemos el coche. Desde luego, le estamos tremendamente agradecidos y le dejamos los tickets de bajada del autobús de la Besurta, que no hemos tenido que utilizar. El quizá pueda aprovecharlos porque se va a quedar unos días por Benasque. Como no podía ser menos le invitamos a unas cañas y nos despedimos. Nos queda el viaje de vuelta a Madrid, que realizamos satisfechos de la actividad realizada y analizando los errores cometidos con la cabeza buscando otro fin de semana o puente en el que podremos volver a intentarlo.

Datos prácticos:

¿Cómo llegar a Benasque?

Desde Madrid por la Nacional II hasta Zaragoza y luego desvíos sucesivas hasta Huesca, Barbastro, Graus y, por fin, Benasque. Desde Benasque continuar la carretera recto dejando a la derecha el desvío a las pistas de esquí de Cerler y tomando más adelante el desvío hacia el Hospital de Benasque. Si la pista está abierta, normalmente a final de temporada, se puede seguir hasta la Besurta. En total, unos 550 kilómetros y entre seis y siete horas de viaje.

Dificultad: En principio no hay pasos superiores a IV, pero los embarques son fáciles.

Longitud: Aproximadamente dos kilómetros y medio de cresta.

Horarios:

- Nos levantamos a las 5,00 h y a las 5,30 h. autobus.
- Empezamos a andar a las 5,50 h. y llegamos a la Forca de Estasen a las 9,15 h.
- A las 14,00 h. tormenta y nos bajamos.
- Llegamos al vivac a las 20,00 h.
- Salimos a las 8,00 h y llegamos a la carretera a las 13,00 h.
- Salimos con el coche para Madrid a las 17,00 h.

Material: en principio, estando acostumbrado a este tipo de terreno, basta con un par de friends medianos-grandes o fisureros, 3 o 4 cintas para bloques y otras 3 o 4 cintas express. En la práctica hay que contar con la necesidad de una retirada y lo que ello implica. Quizá encontremos rapeles montados, que en todo caso habrá que reforzar o cambiar cintas, o quizá no. Nosotros llevamos lo siguiente, y fue suficiente para un buen fregao: cinco friends de diversos tamaños y tres fisureros medianos-grandes, cuatro cintas express largas, seis cintas largas para bloques. Casco. Cuerda de 50 metros (llevamos una de 50 m. y 9 mm.). Crampones para la bajada por el Glaciar del Aneto. Bastón. La decisión sobre los pies de gato es muy personal. Si se escala normalmente V grado seguro que no los necesitaremos. Yo los llevaba en la mochila y luego no los utilicé. Luis directamente no llevaba. En todo caso, cada cual sabrá valorar la relación peso-seguridad-disfrute que más le convenga.

Bibliografía:

- Desnivel nº 131, agosto 1997. Pág. 84.
- Desnivel nº 211, mayo 2004. Pág. 72.

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10 Octubre 2009

ANETO CON ESQUÍS

El invierno de 2009 ha sido el mejor en unos cuantos años para la práctica del esquí de travesía. De hecho, ha sido tan bueno que habré acumulado más de 25.000 metros de desniveles positivos y algún compañero de los habituales ha superado los 40.000. Vamos que hemos estado todo el invierno dándole bien. Ha sido hasta ahora el mejor de mi vida.

Animados por Luis Martínez y sin hacernos de rogar mucho nos ha dado por participar en alguna competición. Aunque entiendo que la competición es totalmente ajena a los valores fundamentales de la montaña, es otra faceta más que me ha resultado muy divertida y aconsejo a cualquiera. El ambiente es en general muy bueno y he conocido travesías muy bonitas en distintas montañas a las que de otra forma probablemente no hubiera ido nunca.

Empezamos con la XII Cronoescalada Nocturna de Pas de la Casa, organizada por el Club Alpin Andorrà la noche del 13 al 14 de diciembre de 2008. Luego vino la Altitoy 2009 los días 31 de enero y 1 de febrero de 2009, altamente recomendable y que seguro repetiremos. Más cerca de casa participamos en la prueba organizada por el Club Candás en Navacerrada valedera para el Campeonato de Madrid el 14 de febrero. El 28 de febrero, también en Navacerrada, la IV Cronoescalada Rasca patrocinada, como otras, por el Rincón de la Montaña. Y, por último, la penúltima prueba del Campeonato de Madrid, el V Trofeo del Club Alpino Tajahierro, en la estación de Alto Campoo el 15 de marzo de 2009. Pudieron haber sido más pero la Travesía Tres Circos en la Sierra de Gredos al final no se celebró y alguna que nos saltamos porque hay que hacer un poco de todo. Entre medias varias salidas a Pirineos, Picos de Europa, Sierra de la Demanda, Gredos.

Para acabar la temporada planteamos subir al Aneto por la vía normal de la Renclusa y el Portillón Superior y bajar luego por el Glaciar de Aneto y el Forau de Aigualluts, la ruta con esquís más clásica de los Pirineos. Sin ser en ningún momento difícil sí es dura pues acumula casi 1.700 m. de desnivel de subida y otros tantos de bajada. El descenso, si tenemos suerte de cogerlo con buena nieve, sería para repetirlo mil veces. Nos sentimos en forma y para disfrutar más el descenso decidimos hacerlo en el día con poco peso aunque también se puede dividir en dos etapas, durmiendo en el Refugio de la Renclusa.

Aprovechando el puente del 1 de mayo, bendito día del trabajo, salimos el día de fiesta de Madrid hacia Benasque (unas seis horas) Miriam López, Eduardo, Luis Martínez, Luis González y Pablo Parrón. Nos tomamos el viaje con calma y comemos tirados en una especie de parquecillo a la salida de Huesca unos bocatas con pan recién comprado. Llegamos tranquilamente a Benasque y damos una vuelta por el pueblo cayendo en la tentación de entrar en alguna tienda. Antes de que anochezca llegamos al Camping Municipal de Benasque. Aunque no está abierto se puede pasar la noche bajo unos buenos techos en un edificio a la entrada, aunque también hay bastante gente con furgonetas y alguna tienda. El camping está en el desvío de la pista que va al Valle de Vallibierna, mejor acceso para el Corredor Estasen o la normal del Aneto por este valle hasta el Collado de Coronas, más entretenida que la normal por la Renclusa y muchísimo menos frecuentada.

El tiempo no está nada claro y cuando nos metemos en los sacos se levanta algo de viento. Enrollado en el saco de plumas doy alguna vuelta para contemplar las estrellas cada vez más tapadas por las nubes. A lo largo de la noche hay ratos en los que un tintineo suave despierta los sentidos, está lloviendo pero es muy suave y no parece que vaya a más. Siete horas durmiendo mejor que en casa y a las 6,00 h. suena la alarma.

Empieza a amanecer y está muy nublado pero no llueve ni hace frío. Desayunamos rápidamente y nos montamos en el coche para subir hasta los Llanos del Hospital. Desde aquí mismo más de un metro de nieve cubre la pista y empezamos nuestra excursión.

Camino de Llanos del Hospital

Con las pieles bien colocadas desde la noche anterior, comenzamos por la pista en suave ascenso al lado de las huellas de esquí de fondo. Un placer de esta travesía es que no hay que hacer ningún cambio de pieles. Desde el principio hasta la cima del Aneto, donde se quitan las pieles, y directo hacia abajo hasta el punto de partida, sin tener que volver a colocar las pieles ni una sola vez. Son casi las ocho y, aunque no cae ni una gota, está tan nublado que no podemos dejar de pensar en la posibilidad de que en cualquier momento se jorobe el tema y haya que darse media vuelta.

La pista lleva hasta un llano amplio, el Plan de Están. Nada más empezar el llano giramos ligeramente hacia la derecha para ganar altura en travesía ascendente. Tras una zona de pinos llegamos directos al Refugio de la Renclusa (2.140 m.). Si hay buena huella no hay problema pero si no es difícil acertar con la salida directa al refugio y a poco que nos descuidemos saldremos más arriba. Hoy, dos de mayo, un buen reguero de esquiadores nos precede, muchos ataviados con monos de competición que dan un alegre y colorido tono al recorrido. Hasta aquí unas dos horas y 400 metros de desnivel.

Amaneciendo, en el Plan de Están

El pequeño refugio al lado de la Renclusa, casi imperceptible por la enorme masa de nieve que lo engulle, da idea de la masa blanca que nos rodea. Tomamos unas barritas y algún caramelo y en poco más de diez minutos salimos en dirección SO camino de un gran bloque que destaca entre la nieve y que se conoce como la Piedra del Marqués. La pendiente se va pronunciado poco a poco y seguimos en dirección SO hasta el paso del Portillón Superior (muy raro sería que no hubiera huella), una brecha que da acceso al Glaciar del Aneto (2.850 m.). Un buen atasco para bajar por el Portillón nos entretiene una buena media hora. Con los esquís a la espalda y cada cual como mejor lo ve unos bajan con crampones, otros con piolet y todas las combinaciones posibles, y siempre con precaución. Son unos 40 metros de destrepe sencillo en un ambiente totalmente pirenaico, hasta llegar al Glaciar del Aneto, desde donde ya se ve claramente la larga travesía que queda hasta la cima. Desde que salimos del refugio hasta aquí las nubes se han ido disipando y ahora luce un sol radiante, cosas de la naturaleza, pero no más que nuestras caras al ver la bajada que nos espera.

La Renclusa

Camino del Portillón Superior

Destrepando el Portillón Superior

El Portillón Superior desde el Glaciar del Aneto

Hace ya un rato que Eduardo nos ha abandonado porque en una mala pisada en la nieve profunda se ha hecho daño en la rodilla y prefiere volverse. El compañero sube con raquetas y hay tanta nieve que prácticamente nadie sube hoy sin esquís o raquetas, la subida a pelo es una pequeña proeza y si las raquetas son pequeñas tampoco deben hacer buen apaño.

Después de todas las salidas de esta temporada subimos fuerte y no tardamos mucho en empezar a sudar como pollos, hasta que llegamos a la entrada del Paso de Mahoma, donde nos quitamos los esquís y nos ponemos a la cola de la auténtica muchedumbre que estamos aquí reunidos. Uno por uno vamos pasando los bloques horizontales de la fina línea que nos separa de la cima del Aneto y que vemos claramente. Si bien el paso no es difícil (II-), la verticalidad de los precipicios que se abren a cada lado puede hacer aconsejable el uso de la cuerda, pues un mareo aquí no sería buena cosa. Y quien no quiera aglomeraciones tiene unas cuantas recetas para llegar hasta este punto por otras rutas (véase Corredor Estasen o cresta Salenques-Tempestades).

Una buena huella atraviesa el Glaciar del Aneto hasta la cima

Paso de Mahoma

En la cima

Espectacular, la arista por la que se llega a la cima del Aneto por el Corredor Estasen

De vuelta por el Paso de Mahoma

En la cima el tiempo es perfecto y nos tomamos nuestro tiempo para tirar unas cuantas fotos y disfrutar de la panorámica. Vuelta otra vez por el Paso de Mahoma y antes de comenzar el descenso aprovechamos para comer algo. Nos esperan 1.600 metros de desnivel, todo descenso por nieve virgen. A pesar de las numerosas trazas de gente que ha bajado antes, siempre es posible ir por zonas sin huella y el descenso es evidente, primero por el Glaciar de Aneto y luego hacia Aigualluts donde la pendiente se relaja y no queda más que seguir hasta La Besurta y tomar la pista, ahora inexistente por la nieve, hasta los Llanos del Hospital, de donde partimos hace unas 10 horas. Se dice que es el mejor descenso en esquís del Pirineo y se puede hacer hasta junio o incluso julio en años excepcionales, si bien al final de temporada hay que prever que la nieve nos abandonará normalmente a la altura de Aigualluts.

Primeros giros de uno de los mejores descensos de Los Pirineos

Vista atrás al largo descenso realizado

El Plan de Están al atardecer

Disfrutamos el largo descenso como corresponde al último grande de una temporada perfecta con una nieve polvo de envidia. Al final la nieve se presenta más paposa por el efecto del calor que nos ha acompañado casi toda la jornada y un par de enganchones a toda velocidad me hacen dar sendas vueltas de campana al más espectacular estilo free ride con aterrizaje de emergencia incluido. Con nieve hasta las orejas después de cada revolcón lamento haber subido tan rápido y no haber reservado más fuerzas para la bajada, algo que no olvidaré para la próxima porque esta actividad es de las de repetir más de una vez.

Datos prácticos:

¿Cómo llegar a Benasque?

Desde Madrid por la Nacional II hasta Zaragoza y luego desvíos sucesivas hasta Huesca, Barbastro, Graus y, por fin, Benasque. Desde Benasque continuar la carretera recto dejando a la derecha el desvío a las pistas de esquí de Cerler y tomando más adelante el desvío hacia el Hospital de Benasque. Si la pista está abierta, normalmente a final de temporada, se puede seguir hasta la Besurta. En total, unos 550 kilómetros y entre seis y siete horas de viaje.

Dificultad: Las únicas dificultades técnicas en la ascensión al Aneto por la ruta normal de La Renclusa las encontraremos en el descenso del Portillón Superior, con los esquís a la espalda y, según las condiciones, crampones y/o piolet (normalmente una escalera de nieve poco difícil), y el Paso de Mahoma (II), no difícil pero con un patio impresionante a ambos lados, en el que no hay que dudar si no se ve claro en usar la cuerda. En lo que toca al esquí, la bajada no es difícil y las caídas normalmente no serán expuestas. Algo más de cuidado en el tramo desde el Paso de Mahoma hasta las cercanías del Collado de Coronas, es decir, al principio. Apto para cualquiera con un nivel mínimo aunque de ello dependerá en gran medida el placer de la actividad (BEA-S2).

Desnivel: Desde el Hospital de Benasque hasta el Refugio de la Renclusa unos 400 metros. De la Renclusa a la cima del Aneto unos 1200 metros. Todo del tirón unos 1.600 metros de desnivel. Lo mejor de hacerlo de en una etapa es que podemos ir con el material de excursión de un día y disfrutar el descenso con menos peso. Además, si se hace noche en La Renclusa hay que contar con que a la bajada no pasamos por allí, con lo que habrá que cargar el día siguiente con el mismo peso. Lo peor, que es una paliza soberana si no se está algo entrenado.

Horarios: Desde el Hospital de Benasque hasta la Renclusa 1,30-2 h. Desde la Renclusa hasta la cima entre 4 y 6 horas. Unas dos horas para el descenso hasta la Besurta y una media hora más hasta el Hospital de Benasque. Nosotros tardamos diez horas. En general, contando descansos, prever entre 10 y 14 horas.

Material: crampones, arva, pala, sonda, y casco para el descenso. Aunque el piolet no es imprescindible, pues vamos con los esquís y bastones, podemos añadir piolet ligero, y arnés y cuerda o cordino (de 30 metros más que suficiente) para el Paso de Mahoma.

Bibliografía:

- Desnivel nº 198, mayo 2003. Pág. 58.

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4 Octubre 2008

ANETO (POR EL CORREDOR ESTASEN Y SALIDA POR EL PETIT BLACK - PD, II)

Jesús Rabanal y yo nos conocimos en la Facultad de Derecho hace ahora casi quince años. Tenemos gustos y aficiones parecidas, entre ellas la montaña, pero pocas veces hemos coincidido para hacer una actividad interesante. Parece que en junio de este año todo se ha puesto a punto de caramelo para que podamos escaparnos el último fin de semana del mes a hacer el Corredor Estasen al Aneto.

Después de un invierno nefasto en lo que a nevadas se refiere, la nieve ha llegado tardía y aunque estemos casi en julio la cantidad y condiciones de la nieve son perfectas e incluso algún esquiador de travesía se aventura a calzarse los esquís para subir a la cumbre más alta de los Pirineos por la ruta normal del Refugio de La Renclusa.

Desde Benasque se sigue la carretera que en unos seis kilómetros nos deja en el desvío hacia la derecha, señalizado, hacia el Valle de Vallibierna. Al poco del comienzo una zona municipal habilitada para la acampada puede ser un buen punto de partida para esta actividad. Todo depende del estado de la pista que normalmente en periodo estival se encuentra cerrada por una barrera que impide el paso de vehículos. Son ocho kilómetros a pie o en el autobús que varias veces al día hace el trayecto hasta el Refugio de Pescadores del final de la pista, en el Puente de Coronas (1950 m.), en perfecto estado que todos deberíamos respetar para que siga así mucho tiempo.

Es 27 de junio de 2008 y la entrada en la pista está permitida hasta el día 28. Un cartel en la barrera así lo anuncia por lo que seguimos hasta el refugio. Llegamos a media noche y vamos directos a meternos en el saco haciendo el menor ruido posible, pues dos personas más ya deben llevar un buen rato dormidas. Ponemos el despertador a las seis de la mañana para empezar a andar justo al amanecer.

Tardaremos entre 3 y 4 horas para llegar a la base del corredor. Detrás del refugio por la pista andamos unos 300 metros hasta que se convierte en camino hacia el norte y asciende entre pinos al principio hasta el Embalse y los Ibones de Coronas (2.750 m.). Desde los ibones, en dirección noreste se asciende por el Glaciar de Coronas, desde donde ya divisamos claramente el corredor. Abandonamos el camino hacia la derecha para acercarnos a la base del corredor (3.100 m.). Un montañero solitario se ha adentrado ya en el corredor y lo lleva bien avanzado y por detrás de nosotros sólo viene una pareja que ha dormido en furgoneta al lado del refugio. Hoy no hay nadie más en el Estasen.

Desde el principio se salva un buen desnivel

En frente, el Corredor Estasen

Llevamos puestos los crampones desde prácticamente el comienzo de la nieve, a 2.000 m., porque está bastante dura, pero el tiempo es perfecto, ni una nube y el día se presenta caluroso. Son las 10,00 h. y el corredor está en las mejores condiciones. Cambiamos bastones por piolets y comenzamos la subida atravesando los restos de un alud. El corredor es ancho y muy estético en la parte superior. Sencillo, la inclinación nunca supera los 50º y resulta bastante disfrutón. En la parte superior caben tres alternativas: salida por la izquierda, la original y la más habitual; salida por la derecha, parece de dificultad similar pero nos deja más lejos de la cima y obliga a hacer un mayor trayecto por la cresta de Llosás; por el marcado corredor que vemos en el centro, conocido como Couloir Petit Black a la Aguja Daviu, entre 50º y 60º de inclinación máxima, encajonado y muy bonito.

Primeras rampas del Estasen

Foto superior e inferior: tramos intermedios del Estasen

En ningún momento nos planteamos encordarnos porque no es necesario con lo que, al no ir atados, cada uno opta por una salida. Txus sigue por el Estasen hacia la izquierda y yo subo por el Petit Black con la nieve en su punto, clavando crampones con facilidad y no más de 50º hasta la cresta de Llosás. Atravieso la Aguja Daviu por detrás, hacia la izquierda según se sale del corredor, para encontrar a Txus saliendo por el Estasen.

Entrando en el Petit Black, en condiciones perfectas

El Petit Black visto desde la salida

Tras rodear la Aguja Daviu, aproximando hacia la salida del Estasen

Txus saliendo del Estasen

Desde aquí ya se ve la cima del Aneto pero aún queda recorrer la cresta por terrazas y terreno descompuesto (II) y un corto tramo de arista afilada que nos pone a tono para enfilar el Paso de Mahoma a la bajada, más sencillo realmente que este último tramo.

Tramo mixto (II), con la salida del Estasen al fondo

Tramo final de arista, justo antes de la cumbre del Aneto

En la cima del Aneto

Estamos en la cima del Aneto (3.404 m.) más de cuarenta minutos, las vistas no tienen fin, ni viento ni frio y por fin hemos podido usar los piolos después de un invierno climatológicamente desastroso. La única pega, tener que compartirlo con mucha más gente que viene por la normal de La Renclusa, aunque también es grato compartir unas palabras con montañeros que vienen de todas partes, aprovechar para que te tiren alguna fotillo y, por supuesto, devolver el favor. Hemos tardado desde el refugio en total seis horas. Casi a las 14,00 h. nos toca turno en el Paso de Mahoma y bajamos directamente hasta el Collado de Coronas, donde hay algunas tiendas. Un sencillo destrepe entre rocas nos lleva de nuevo a la nieve y en poco menos de tres horas, por el mismo camino de subida, estamos relajando los pies en las gélidas aguas del Barranco de Coronas, al lado del refugio, pensando en el próximo invierno.

Paso de Mahoma

En el descenso. Al fondo, bien visibles, el Corredor Estasen y el Petit Black

Ibones de Coronas

Datos prácticos:

Aproximación: a 6 kilómetros de Benasque un desvío a la derecha nos adentra en una pista transitable (con restricciones y autobús alternativo normalmente en julio y agosto), que en unos 8 kilómetros nos lleva al Puente de Coronas, donde hay un refugio libre.

Horarios: desde el Puente de Coronas hasta la base del corredor, entre 3 y 4 horas. Entre 1 y 2 horas para el corredor y hasta la cima. Unas 3 horas para el descenso desde la cima hasta el Puente de Coronas.

Desnivel: 1.454 m. de desnivel desde el Puente de Coronas (1950 m.) hasta la cima del Aneto (3.404 m.). Subida muy mantenida, por lo que pese a no ser difícil, exige buena forma física.

Dificultad: la dificultad radica más en el desnivel de la ascensión que en su inexistente complejidad técnica. El Estasen no presenta inclinaciones superiores a los 50º y normalmente la inclinación es bastante inferior. El Petit Black no supera los 60º y el día que lo hicimos no creo que llegara siquiera a los 50º.

Material: con piolet y crampones es suficiente. No obstante, se hace más a gusto con dos piolets y aunque no existan especiales peligros objetivos (salvo momentos de alarma por aludes), como caída de piedras, siempre es más que recomendable llevar el casco. Por si acaso un cordino ligero para encordarnos. Si hiciera falta asegurar en el Petit Black podrían colocarse seguros en las rocas a ambos lados del corredor.

Bibliografía: Aneto. Guía montañera. Ascensiones, travesías y escaladas, de Alberto Hernández Gómez y Alberto Martínez Embid. Publicado por Desnivel Ediciones. Págs. 282-283.

Cordada: Jesús Rabanal y Pablo Parrón (28 de junio de 2008).

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24 Octubre 2007

BALAITÚS (POR LA BRECHA LATOUR, PD+, II+)


Desde hacía más de un mes teníamos reservadas cuatro plazas la noche del 12 de octubre de 2007 en el Refugio de Respumoso (o Respomuso, al gusto), con idea de ascender el tres mil más occidental de la cadena pirenaica, el Balaitús (3.144 m.). Pese a tratarse de una ruta normal de ascensión a la montaña, la subida por la Brecha Latour no es apta para todos los públicos.

Para acceder al Refugio de Respumoso llegamos con el coche hasta el Embalse de La Sarra (1.425 m.), a escasa distancia de Sallent de Gállego. Al final del embalse hay una central hidroeléctrica que dejamos a la derecha hasta el final del asfalto. Un bar y zona muy agradable para iniciar numerosas excursiones.

El camino nos lleva directos al Refugio de Respumoso (2h. 30’), a 2.208 m. Hemos subido hasta aquí, Jose Porro, Miriam Díez, y David y Pablo Parrón. El camino desde La Sarra transcurre primero por un hayedo que en octubre estaba precioso, y luego va ascendiendo suavemente hasta la presa de Respumoso. En todo momento es muy entrenido por las estupendas vistas que brinda a cada paso. Al comienzo de la presa vemos una ermita y seguimos el camino, que se empina unos metros para superar el barranco de Respumoso y llegar al refugio. Siguiendo el camino unos 15 minutos se encuentra el antiguo refugio, que no debe estar en muy buenas condiciones.

Iniciando la subida al refugio desde La Sarra

Llegando al refugio, que puede verse al fondo


El refugio ofrece todos los servicios con una calidad excelente en todos los sentidos. Está perfectamente gestionado. Cuenta con baños con duchas y agua caliente, algunos en las propias habitaciones. Nosotros estuvimos en una con literas para ocho personas y baño, de la que nos costó un buen sacrificio salir a las 7,30 h. del día siguiente para pegarnos una de esas palizas que ya conocemos por otras excursiones. Conviene reservar, ¡háganse ustedes a la idea de que van a un auténtico hotelito!

Salimos de Respumoso sobre las ocho de la mañana, cuando ya está amaneciendo y no hace falta utilizar el frontal y afrontamos la subida hacia el norte, marcada en una señal, que nos indica que estamos a 3h. 40’ de la cima del Balaitús. El desnivel desde el refugio es de 936 m. y la dificultad alta, según la guía que acompaña al mapa de la Editorial Alpina de Panticosa-Formigal. Aunque la dificultad no es mucha, la subida de la Brecha Latour es muy alpina, vertical, con buen patio y exige varios rápeles para descender. A principios de octubre ya ha nevado en Pirineos y encontramos una subida en mixto por el corredor (PD+, II+). El Balaitús no es difícil pero es de entre todos los picos de más de 3000 metros de Los Pirineos el menos fácil de ascender.

En unos 50 minutos llegamos a una pequeña pradera en la que hay montadas un par de tiendas. No parece que haya sitio para muchas más y el terreno es bastante accidentado pero puede ser una solución si no hay plaza en el refugio o apetece probar el saco nuevo, o simplemente disfrutar de un vivac en alta montaña. Aquí se gira hacia la izquierda y la vista empieza ya a ser impresionante. Con la arista Bondidier a nuestra izquierda y el ibón de Esclusera a nuestra derecha, seguimos el camino a media ladera por hitos entre grandes pedreras. Ya empieza a haber bastante nieve y el hielo complica el paso pero el día deja claro desde el principio que va a darnos un baño de sol, el primero que tenemos así a esta altura desde hace al menos un par de años.

La arista Bondidier

En unas tres horas desde el refugio estamos al pie de la Brecha Latour. Desde luego no somos los primeros y ya vemos a dos personas en una zona rocosa a bastante altura, que desde aquí parece imposible. Varias más están subiendo el corredor. Descansamos un poco y aprovechamos para ponernos el arnés, los crampones y sacar el piolet.

La Brecha Latour

La brecha no tiene mucha inclinación pero presenta dos resaltes de roca. El primero (II+) se sube sin mucho problema, pero una vez arriba no invita a destreparlo para nada. El siguiente es más fácil (II) y enseguida vemos a nuestra derecha las estacas de metal por las que continúa la subida. No cogemos las estacas hasta que el corredor nos aleja definitivamente de ellas. Normalmente se cogerán antes o después según las condiciones de la nieve. Las dos primeras son bastante verticales. Luego la inclinación se modera y se acaban las estacas. Se sigue trepando por terreno descompuesto con más roca que nieve hasta la arista, desde donde ya se puede ver a lo lejos la cima del Balaitús. Conviene ir fijándose en las instalaciones de rápel que vamos viendo porque a la bajada costará más localizarlas. La nueva vertiente de la montaña que vemos ahora da a los embalses de Arriel. Todavía nos quedan unos 40 minutos hasta la cima. Ya vamos cansadillos y aunque es fácil hay que tener precaución porque un resbalón aquí podría tener malas consecuencias.

En el primer resalte de la brecha (arriba)
Imágenes de todo el recorrido de la brecha (abajo)

Desde la cima del Balaitús (3.144 m.) las vistas son estupendas. La Arista de Costerillou, la Cresta del Diablo, la Arista de Frondellas, y más lejos visión perfecta del Midi d’Ossau, el macizo del Vignemale, la Norte del Taillon, Peña Telera (mejor subirse el mapa y la brújula porque sino seguro que te pierdes). Hemos tardado cinco horas desde el refugio pero el día es tan bueno que nos lo tomamos con calma, unas barritas por aquí, unos frutos secos por allá, unas cuantas fotos y media hora más tarde toca bajar.

Desde la salida de la brecha ya se ve la cima del Balaitús

Al llegar a la Brecha Latour toca pedir la vez para bajar por los rápeles. Aunque los dos primeros se pueden destrepar, el terreno está muy descompuesto y no parece aconsejable. Realmente también podrían destreparse los dos últimos pero las condiciones de la nieve y nuestro cansancio acumulado no hacen ni siquiera que nos lo planteemos (y creo que aunque hubiéramos estados fuertes como un toro y con las mejores condiciones posibles tampoco nos hubiera dado por destrepar). Tenemos un grupo de cuatro personas por delante y otro de cinco por detrás y al final tardamos como hora y media en bajar. Según el material haremos más o menos rápeles pero en general es necesario poder hacer rápeles de al menos 20 metros. Nosotros vimos cinco instalaciones de rápel y bajamos en cuatro tiradas con una cuerda de 60 metros.

Volvemos por el mismo trayecto de subida hacia el refugio de Respumoso en unas dos horas con lo que en total hemos tardado unas nueve horas.

Ya sólo queda recoger las taquillas del refugio, devolver la llave y bajar hasta el embalse de La Sarra, donde nos espera el coche, un breve viajecito hasta el Camping Escarra, en Escarrilla, y una agradable noche en la tienda que nos permite recuperar fuerzas para visitar al día siguiente el pueblo de Lanuza, llenar la panza en Sallent de Gállego y volver a Madrid con las pilas puestas para poder sobrellevar lo mejor posible la agitada vida laboral en la ciudad, hasta el siguiente fin de semana, como mucho.

Datos prácticos:

Aproximación: al Refugio de Respumoso se llega desde el Embalse de La Sarra. A al embalse se llega por una carretera estrecha que sale de Sallent de Gállego. En invierno conviene informarse previamente del riesgo de aludes.

Horarios: desde el Embalse de La Sarra al Refugio de Respuso, 2h. 30’. Del refugio a la cima entre cuatro y cinco horas.

Desnivel: desde el Embalse de La Sarra al Refugio de Respumoso, unos 750 m. Del refugio a la cima, 936 m.

Dificultad: depende mucho de las condiciones. En invierno puede ser más fácil porque se trata de una canal de 50o máximo, aunque será más complicado localizar los rápeles a la bajada. Sin nieve es una trepada en roca (II+). En todo caso la zona de las estacas siempre será muy vertical y con un buen patio. Nosotros lo hicimos con las primeras nevadas de la temporada y la dificultad nos pareció PD+, II+.

Material: arnés, cuerda que permita hacer rápeles de al menos 20 metros y, por supuesto, casco. Al subir normalmente no es necesario encordarse. Dicen que se puede destrepar pero es muy aconsejable llevar la cuerda.

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12 Enero 2007

PEÑALARA – SURESTE CLÁSICA (PD)

Peñalara, la montaña más alta de la Comunidad de Madrid (2.428 m), es con toda seguridad la cima que más veces han pisado mis pies, así como los de muchos otros montañeros madrileños que encontramos en todas sus vertientes un terreno ideal para escapar, siempre que podemos, de las miserias inherentes a la vida en la gran ciudad.

La gran variedad de itinerarios abiertos en todas las caras de la montaña ofrece grados y dificultades para todos los gustos, desde la sencilla ascensión por la ruta normal que pasa por el Refugio Zabala, hasta vías de alta dificultad y exposición en la zona de la Cresta de Claveles.

Para el 24 de diciembre de 2006 escogemos la Sureste Clásica, una vía de dificultad muy asequible, variada y divertida que nos permite hacer un recorrido circular desde el Parking de Cotos, ideal para saborear el color blanco de la nieve en una fecha tan especial y de paso abrir apetito para la comilona que nos espera unas horas más tarde.

Sureste Clásica de Peñalara

En principio somos un grupo de tres (Miriam Díez, David Parrón y Pablo Parrón), y sólo queremos subir a Peñalara por la ruta normal, como corresponde a un día que necesariamente ha de ser tranquilito, pero al llegar a Cotos nos encontramos casualmente con José Antonio Sancho, un colega de Colmenar con quien ya hemos realizado otras ascensiones en fechas pasadas que no tarda en animarnos para que le acompañemos por la Sureste.

El día es fantástico, totalmente impropio de la época, y hay muy poca nieve, lo que animará la ascensión puesto que la Sureste Clásica de Peñalara es una ruta que en su parte superior puede presentar dificultades muy variables según las condiciones. Es obvio que el calentamiento global del que oímos hablar a los científicos en los medios de comunicación es una realidad que convendría atajar de forma inmediata. No recuerdo en estas fechas unas condiciones tan pobres de nieve en toda mi vida, hasta el punto de que resulta vano cualquier intento de hacer la más mínima travesía con los esquís en toda la Sierra de Guadarrama. En la sociedad endemoniadamente consumista en que vivimos parece que los peores augurios se cumplirán pero todavía tengo la esperanza de equivocarme.

Desde el Parking de Cotos tomamos la pista que nos adentra en el circo de la Laguna Grande de Peñalara. En la primera curva de la pista veremos un camino que sale a nuestra derecha y que nos lleva hasta la Laguna Grande. Antes de llegar, a la altura de la caseta del guarda veremos un puente de madera por el que cruzamos en dirección a la Laguna de los Pájaros. Antes de llegar a la Laguna de los Pájaros veremos el inicio de la canal (a la izquierda en el sentido de la marcha), que bordea por la izquierda la Pared Negra de Claveles.

Aproximando, en dirección a la Laguna de los Pájaros

En este punto nos calzamos los crampones y sacamos el piolet para meternos en una sencilla canal con un máximo de unos 30º de inclinación y algún pequeño resalte debido a la escasez de nieve, que nos lleva a una meseta de escasa inclinación que atravesamos con tendencia hacia la izquierda para alcanzar el corredor que nos llevará hasta la cima.

Miriam y José Antonio en la canal de entrada

José Antonio en un pequeño resalte, descubierto por la escasez de nieve

En medio de la canal

En la meseta superior

Por encima de la meseta las opciones posibles son varias y decidimos seguir recto, por un resalte mixto (II+), encajonado y muy vistoso pese a que no parece demasiado expuesto en caso de caída, al que sigue una pala de nieve de unos 40º que nos lleva a un nuevo estrechamiento, esta vez de nieve dura, donde la inclinación se acerca a los 50º.

Resalte mixto (II+), visto desde arriba

David en medio del resalte

En la pala de nieve que sigue por encima del resalte

Canal de nieve dura (45º-50º), vista desde abajo

Canal de nieve dura (45º-50º), vista desde arriba

Ya solo restan algunos minutos de ascensión por terreno fácil hacia la izquierda para alcanzar la cima de Peñalara (2.428 m) donde tiramos las fotitos de rigor acompañados por no menos de cuarenta personas que también han elegido este día para disfrutar de las estupendas vistas del balcón más alto de Madrid.

En la cima de Peñalara

El descenso lo realizamos por la ruta normal que desciende en suave pendiente hasta Dos Hermanas y enlaza con la pista que nos devuelve al Parking de Cotos. Raro será el día en que no encontremos a nadie que pueda orientarnos en este tramo concurridísimo cualquier fin de semana o festivo.

Por último me gustaría aconsejar a quien venga de fuera y no conozca bien la zona que no se confíe en absoluto cuando ascienda a Peñalara por su modesta altitud y cercanía a Madrid, y venga bien provisto de brújula, mapa y todo el material propio de la alta montaña porque cuando las condiciones se ponen feas y la niebla y el viento aparecen las posibilidades de perderse y acabar en Segovia, en el mejor de los casos, o tener un disgusto mayor no son precisamente despreciables, y quien diga lo contrario es que ha andado poco por estos lares.

Datos prácticos:

Acceso: Para acceder a la vía hay que llegar al Puerto de Cotos. Desde Madrid lo más sencillo es tomar la Autovía A6 en dirección Segovia. Tras unos 45 kilómetros, desviarse hacia el Puerto de Navacerrada por la M-601. Al llegar al puerto giramos hacia la derecha por la M-604, que nos lleva directamente al Puerto de Cotos (72 kilómetros en total).

También se puede llegar al Puerto de Cotos en ferrocarril desde Madrid a Cercedilla y luego en un funicular que nos sube al Puerto de Cotos (Renfe Cercanías). Igualmente puede consultarse la web de Autocares Larrea para llegar al puerto en autobús.

Dificultad: PD. En general, poco mantenida. Empieza con una canal de unos 30º y 100 metros. Sigue por terreno fácil hasta un resalte de roca y hielo (II+) de unos 5 metros y acaba con una pequeña canal de nieve dura de unos 45º. Todo muy variable, según las condiciones. Nosotros la hicimos con nieve escasa y sin asentar.

Material: piolet y crampones.

Tiempos: si vas temprano en una mañana se hace perfectamente. En total, toda la actividad, incluido el retorno, unas cuatro horas.

Bibliografía:

- Guadarrama. Guía de Escalada. De Agustín Arranz y Miguel Barroso. Editada por Desnivel Ediciones. Pág. 238.

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21 Agosto 2006

CRESTA DEL GOURGS BLANCS

De entre las múltiples actividades que pueden realizarse tomando como base el Refugio de Estós, una buena opción es la cresta del Gourgs Blancs. Me parece una buena opción porque se trata de una actividad bastante asequible que sin embargo reúne los ingredientes básicos de una buena cresta pirenaica: un patio disfrutón, exposición moderada y la posibilidad de hacer un puñado de tresmiles en una sola jornada.

Plano de la zona

Panel indicativo de la zona al lado del Refugio de Estós

En la cresta encontraremos pasos de hasta III sup., lo que significa que desde luego no está al alcance del simple excursionista y habrá que llevar, aunque sólo sea por precaución, el material básico de escalada. Nosotros la hicimos sin calzarnos los pies de gato en ningún momento, aunque fuimos en ensamble todo el rato, lo que nos disparó los tiempos por encima de lo previsto. Conviene llevar algún friend y fisureros por si estimamos oportuno asegurar algún paso, así como cintas por si eventualmente tenemos que realizar algún rapel. El casco siempre me parece indispensable aunque en este caso la roca es buena y podría prescindirse del mismo (cada cual sabrá el valor de su cabecita).

La cresta del Gourgs Blancs en la aproximación desde el Refugio de Estós

Realizamos la actividad el sábado 3 de junio de 2006 la cordada formada por Fernando Blas, Pablo Renedo y Pablo Parrón, habiendo salido de Madrid el viernes anterior después de comer para llegar al Refugio de Estós con muy poquito tiempo para dormir.

Para llegar al Refugio de Estós hay que tomar un desvío a la izquierda que encontramos pasado el pueblo de Benasque y que nos lleva en unos metros a un aparcamiento vallado que podemos encontrar cerrado (a nosotros nos pasó), aunque en la parte de fuera hay sitio para aparcar varios vehículos. Desde aquí hasta el refugio subiremos en suave pendiente, salvo los últimos metros, que empinan que da gusto, por camino marcado en poco más de dos horas.

A las 7,00 h. nos levantamos con un frío de narices y a las 7,50 h. nos ponemos en marcha. Detrás de los aseos del refugio parte un camino muy empinado que, si no lo perdemos, nos lleva hasta el Ibón de Guías (10,30 h.). Aunque lo perdamos la subida es evidente y acabaremos en cualquiera de los pequeños ibones que hay por la zona desde donde ya divisaremos claramente el tramo de cresta que vamos a realizar. Desde el Ibón de Guías tardamos una hora en llegar al Puerto de Oô (11,00 h.).

Una vez en el puerto y situados ya propiamente en el recorrido de la cresta, que viene desde el Seil dera Baquo, veremos una subida evidente en la vertiente este del pico Jean Arlaud con tendencia hacia la derecha que nos lleva hasta un corredor a nuestra izquierda por el que deberemos subir. Pocos metros más a la derecha se ve un segundo corredor, paralelo al primero y muy parecido. En este punto sacamos la cuerda, que ya nos acompañará hasta el final de la cresta, aunque una cordada habituada puede prescindir de ella perfectamente. Nosotros subimos por el primer corredor, que parece más difícil de lo que luego es realmente, para luego continuar por pequeñas placas y piedras sueltas hasta la cima del pico Jean Arlaud (3.065 m.), cuyo nombre rinde homenaje al famoso pirineista francés fallecido en esta zona en accidente de escalada en 1938.

El corredor en el que se inicia la trepada

El corredor anterior visto desde arriba

Placas y piedras sueltas en el último tramo de la subida al Jean Arlaud

El Gourgs Blancs visto desde el Jean Arlaud

Desde la cumbre del Jean Arlaud vamos buscando los destrepes, normalmente más sencillos de lo que parecen a primera vista (alguno lo rapelamos), por una zona delicada y muy bonita. Aquí hay que poner atención para ir localizando hitos que nos confirman el camino correcto. Remontamos nuevamente hacia arriba por terreno fácil hasta la cima del Gourgs Blancs (3.129 m.), donde encontraremos una placa dedicada a Jean Arlaud. El panorama por cualquiera de las dos vertientes de la cresta es precioso y está dominado por varios lagos normalmente helados.

Tramos delicados entre el Jean Arlaud y el Gourgs Blancs

Desde el Gourgs Blancs se puede continuar directo por la cresta o bien descender por pequeñas terrazas que nos facilitan el acceso a la base de la Torre Armengaud. Nosotros decidimos continuar por la cresta pero la cosa enseguida se pone muy delicada y nos encontramos con bloques de difícil franqueo. Al final tuvimos que montar un rapel de unos 15 o 20 metros para sortear los bloques y acercarnos a la Torre Armengaud. Realmente se podía destrepar, como luego pudimos ver cuando Fernando subió y volvió a bajar tras desenganchar la cuerda que se nos había quedado totalmente bloqueada y sin posibilidad de ser recuperada desde abajo, aunque con las botas así como que no había muchas ganas.

Uno de los destrepes en los que echamos la cuerda para rapelar

La cordada al completo en la cima del Gourgs Blancs

Rapel en el último tramo de la cresta para alcanzar las repisas que dan acceso a la Torre Armengaud

La Torre Armengaud (3.114 m.) se escala con placer y sin problemas y desde ella se continua ya por terreno muy fácil hasta la Punta Lourde Rocheblave (3.104 m.), donde nos sentamos a echar un respirito y contemplamos asombrados la cresta de la que acabamos de salir.

Más y más bloques

La cresta vista desde la Punta Lourde Rocheblave, final de las dificultades

Aunque se puede continuar para ganarse algún tres mil más, en este punto damos por concluida nuestra aventura y bajamos al Puerto de Guías, que alcanzamos a las 16,00 h. Desde aquí en dos horitas, con larga parada para comer incluida, llegamos nuevamente al Refugio de Estós a las 18,15 h.

Horario: Unas dos horas desde el coche hasta el Refugio de Estós. Otras dos horas para llegar al Ibón de Guías y otra hora más hasta el Puerto de Oô. Para la cresta (desde el Puerto de Oô hasta el Puerto de Guías), casi cinco horas, aunque se puede hacer en la mitad de tiempo. En 1,30 h. se baja de nuevo al Refugio de Estós.

Dificultad: Hay pasos de hasta III-III sup., posibilidad de verse obligado a realizar algún rapel y patio suficiente como para echar de menos la cuerda si no se está muy habituado a la altura. La cresta se puede hacer en los dos sentidos, de hecho la primera ascensión se llevó a cabo en sentido contrario al aquí descrito en 1864 por Bazillac, de Monts, Russel y Celestin Passet.

Desnivel: 1.100 metros del refugio a la cumbre del Gourg Blancs, más el sube y baja típico de las crestas.

Material: casco (recomendable pero no indispensable), cuerda (al menos de 30 metros, por si acaso), algún fisurero y friend (sobre todo para el corredor inicial) y cintas para bloques (también por si acaso). Los pies de gato no son necesarios pero dependiendo de lo habituado que estés a este tipo de actividades pueden hacer que la experiencia sea mucho más placentera (si te quedan holgaditos, claro).

Bibliografía: - Desnivel nº 175, pág. 84.

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20 Agosto 2006

INTENTO AL CERVINO – MATTERHORN, POR LA ARISTA HORNLI (AD+ III)

El monte Cervino, Matterhorn en su denominación en alemán es sin lugar a dudas una de las montañas más bonitas del planeta. Desde que la vi por primera vez hace seis años en mi primera visita a los Alpes imaginé que algún día querría escalarla.

Inmensos glaciares, al menos en relación a los que antes había visto en Pirineos, una pirámide perfecta, solitaria y al parecer bastante asequible por su ruta normal de la arista Hornli, por la que se ascendió por primera vez hasta la cima en 1865, con el trágico suceso que tuvo lugar en el descenso, en el que murieron cuatro de los siete ascensionistas, y que cualquier guía de los Alpes relata con mayor o menor profundidad.

El 18 de junio de 2006 salgo desde Madrid con un colega de Torrejón, Fernando, al que recojo casi a media mañana en la puerta de su casa y tiramos emocionados hacia Zermatt, hermoso pueblo Suizo, base para ir al Matterhorn, al macizo del Monte Rosa y un montón de cuatromiles que te dejan “to embobao”.

El día 19 llegamos a la hora de comer (de España) al Camping Attermenzen de Tasch, población en la que es imperativo dejar el coche porque en Zermatt no circula ningún vehículo de gasolina, exclusivamente coches eléctricos y de caballos. Para llegar hasta allí se puede tomar un tren desde la estación que está al final de la carretera a la derecha que nos deja en el centro de Zermatt, o bien una de las furgonetas de distintas empresas que suben y bajan continuamente como locas los doce kilómetros que separan Tasch de Zermmat. Si en la furgoneta suben más pasajeros sale algo más económico que el tren.

El Camping Attermenzen se encuentra a la izquierda, unos dos kilómetros antes de llegar a Tasch. Lo atiende Víctor, un tío genial que habla castellano perfectamente, y se esfuerza por darte toda la información que necesites sobre el estado de las rutas. Altamente recomendable.

Con una previsión meteorológica que no mejora, ya la habíamos consultado en casa en la página de la “meteo” suiza, decidimos intentar subir el día 21 al Hornli Hütte para aprovechar el relativamente buen tiempo esperado para el día 22 y hacer cumbre. El tiempo realmente era muy bueno en Zermatt, con temperaturas muy agradables y casi totalmente despejado pero las típicas tormentas de las tardes, en las que no fallaron las predicciones, se pegan al Matterhorn como si este fuese un imán endemoniado. Salimos del camping a las 9,00 h.

El Cervino en junio de 2006

El Cervino en junio de 2005

Hasta el día 1 de julio no se abre el Refugio Hornli pero existe una zona de invierno, libre, a la que se accede por una escalerilla en una ventana que es todo un lujo. Creo que conté unas veinte literas, tiene cocina, gas..., en fin algo a lo que uno no está muy acostumbrado. Pese a todo, cargamos con la tienda hasta el refugio porque nos habían comentado que se puede poner en los alrededores. Efectivamente vimos una piedra en la que tenían pintada la palabra “camping” con una flecha hacía la izquierda. En cuanto vimos esa maravilla de refugio ni se nos ocurrió echar un vistazo a los posibles emplazamientos para colocar una tienda.

Entrada de invierno al Hornli Hütte

Para llegar al Refugio Hornli hay que subir la calle principal de Zermatt hasta el final, donde se encuentra la estación desde la que parten los remontes de la zona, desde el Klein Matterhorn hasta el que nos lleva al lago Schwarzsee (2.584 m.). Llegamos a los 10,15 h. Al Schwarzsee se puede subir también andando desde Zermatt por camino en unas tres horas.

Al llegar al final del recorrido del teleférico, el Matterhorn impresiona más que desde abajo, aunque la huella de la civilización, a la que contribuyen un típico hotelito suizo aquí construido y las señales que indican la dirección de los remontes mecánicos de las pistas de invierno (y de verano un poco más lejos), apacigua un poco el nerviosismo ante una montaña tan esperada.

Desde el teleférico, de frente por camino bien marcado se desciende rápidamente al lago y se empieza la subida al Refugio Hornli. Llegamos a unas escaleras metálicas en las que se ve una cadena con un candado. La entrada no estaba cerrada pero parece que cuando la vía se encuentra impracticable se echa la cadena (lo que no impide el paso en absoluto) para que el alpinista sepa lo que va a encontrarse.

La cadena que da acceso a la Arista Hornli

En el camino nos cruzamos con un suizo y un argentino que bajan para pasar el rato mientras esperan intentar subir al día siguiente, como nosotros, en que la previsión no es mala. Nos anuncian que en el refugio están cuatro ingleses, de los que dos hicieron cumbre dos días antes, extenuados tras haberse pegado una paliza de más de veinte horas para subir y bajar. Los otros dos durmieron en la cabaña Solvay y habían bajado ese mismo día sin haber podido hacer cumbre.

En poco menos de dos horas llegamos al Hornli Hütt (3.260 m.), a las 12,00 h. Dentro sólo están los cuatro ingleses, que apenas asoman la cabeza por el saco al oírnos entrar. Fernando, que es muy “echao pa’lante” propone que directamente dejemos algo de peso en el refugio y continuemos hasta la Cabaña Solvay para dormir allí y aprovechar mejor el día siguiente. Solvay se ve tan cerquita desde el Refugio Hornli que Fernando no tarda en despejar mis dudas y tiramos para arriba exactamente a las 12,30 h.

Por detrás del refugio sale un caminito que en dos minutos nos lleva al primer resalte, de unos 10 o 12 metros, totalmente vertical. Ayudados por una cuerda fija con nudos bastante cochambrosa subimos y seguimos por un caminito. El camino en la primera parte es difícil de seguir y es fácil embarcarse. Recomiendan echarle un vistazo la tarde anterior para no perderse al salir al día siguiente por la noche muy temprano.

Zona expuesta en el embarque que tuvimos al inicio de la vía

Nosotros nos embarcamos aunque conseguimos llegar por terreno muy expuesto y totalmente descompuesto hasta el primer punto en que se alcanza la arista (la vía va casi siempre un poco a la izquierda) donde vemos otra cuerda fija anclada con grandes estacas de hierro. Para evitar perderse, hay que ir mirando hacia la derecha desde que salimos del primer resalte para subir un pequeño escalón. Hay algunas marcas de pintura roja en las rocas pero es fácil no verlas. El caminito continúa y desciende unos metros para empezar a empinarse ya en serio. Debido a nuestro embarque, este tramo lo vimos en la bajada. Hay hitos que ayudan a seguir el camino hasta la cuerda fija. Se continúa por la cuerda unos metros por el filo de la arista en un tramo aéreo muy bonito.

Si vamos atentos algunas marcas nos guían al comienzo, en la parte menos clara de la subida

Estábamos totalmente solos en la vía, ¡una maravilla para ser el Cervino!, pero con mucha gente son frecuentes las caídas de piedras y la atención debe ser permanente. Empezamos a pasar tramos de nieve que presagian la dificultad de la ruta. Cuando luego en casa comparamos una fotografía del Cervino hecha en junio de 2005 con otra de junio de 2006 nos dimos cuenta de que la cantidad de nieve era una pasada para la época. Ya lo sabemos para la próxima.

Una arista preciosa (con un hito al fondo)

Escalando el primer tercio de la ruta

La cuerda fija se acaba enseguida y se vuelve a abandonar la arista por su lado izquierdo. Una torre característica se rodea por la izquierda y cuando nos queremos dar cuenta estamos metidos en una tormenta de impresión. Los truenos suenan sin que ni siquiera veamos el rayo y la electricidad se siente en la piel al acumularse la nieve y el granizo.

La tormenta nos alcanza en medio de la subida

De repente, vemos la Cabaña Solvay (4.003 m.) a unos trescientos metros en línea recta pero tardamos todavía una hora y media en llegar. Nos cuesta sudores subir la placa Moseley Inferior, que da acceso la cabaña. Llegamos en dos largos de unos veinte metros cada uno. El primero se lo da Fernando. Hay una estaca de hierro y alguna chapa para asegurar pero la escalada se las trae. En condiciones normales no es difícil (III-) pero con hielo y nieve me pareció muy duro. Mientras subo asegurado desde arriba veo el refugio a solo unos metros. Continúo el siguiente largo, mucho menos inclinado, hasta que por fin toco con el guante la madera del refugio.

Enseguida coloco una cinta y aseguro a Fernando desde unas estacas de hierro que rodean el límite de la repisa en la que uno no se explica como han construido este magnífico refugio. El olor a heces indica que llegamos a la cabaña por la salida del aseo. Son las 20,00 h. con lo que hemos tardado desde Hornli Hütt siete horas y media para un tramo que normalmente se hace en tres horas, conociendo el camino, supongo, y hemos hecho en el día 1.419 metros de desnivel.

Placa en la entrada de la Cabaña Solvay

Solvay es una cabaña pequeña, de emergencia, máximo para ocho personas, pero al igual que en el Hornli Hütt, aquí hay mantas, literas, radio y hasta algún hornillo y cuerdas para emergencias. Sin embargo no hay gas, como nos pareció entender a los ingleses con lo que nuestras existencias se reducen considerablemente pues hemos subido los típicos sobrecitos de sopa y pasta que ahora no vamos a poder cocinar. Estamos empapados, así que tomamos algo y nos metemos directamente en el saco, que sí habíamos subido, para descansar y tratar de secar al menos los guantes. Se nota la altura pero aún así descansamos hasta las 6,00 h. del día siguiente. La salida del sol desde la Cabaña Solvay no la olvidaremos nunca, el color rosado de las montañas, la Dufourspitze, la Nordend, el Liskamm, Castor, Pollux, Breithorn… y el vacío a nuestros pies nada más abrir la puerta del refugio.

Amanecer en el Refugio Solvay

Nos preparamos para intentar la cima y salimos a las 7,30 h. pero nada más echar un vistazo a la placa Moseley Superior, a la izquierda del refugio, por la que hay que continuar nos miramos y decidimos bajar. En el estado actual subir nos costaría al menos otras cuatro horas (dos es el horario habitual según la mayoría de las reseñas) y para bajar debemos contar al menos con el mismo tiempo que se tarda en subir.

Panorama de la bajada que nos espera desde Solvay

Rapelando desde Solvay (se ve una esquinita del tejado)

Otro rapel

Nos cruzamos con tres ingleses que suben y deciden bajar con nosotros

Y otro rapel más

Los ingleses bajando y el Hornli Hütte al fondo

Para bajar hacemos más de quince rápeles y en el primero se me cae mi querida cestita obligándome a hacer todo el descenso con un dinámico. Nos cruzamos con tres ingleses que suben y deciden darse la vuelta con nosotros. Son casi las doce del medio día y las nubes están otra vez colocándose en la cima de la montaña. Al bajar vemos las chimeneas por las que se sube y por las que no pasamos al subir al embarcarnos al principio del camino. A las 15,00 h. llegamos por fin al Refugio Hornli tras siete horas y media de bajada, exactamente lo mismo que tardamos en subir. Salimos disparados y a las 16,10 h. estamos bajando en el teleférico de nuevo hasta Zermatt.

¡Menos mal que hemos decidido bajar, la niebla nos va pisando los talones!

Rapelando las chimeneas iniciales

Bajando desde el Hornli Hütte, con el Schwarzsee y la cabina del teleférico abajo y Zermatt en el valle

El Matterhorn me ha gustado tanto desde dentro como me parecía antes al verlo desde el valle. La roca no es buena pero la montaña es preciosa y bien valdrá un nuevo intento en cuanto coincidan otra vez disponibilidad de tiempo y buena compañía.

Fernando Blas y Pablo Parrón

Horario: 1,45 h. desde el Schwarzsee hasta el Hornli Hütt; 7,30 h. desde el Hornli Hütt hasta la Cabaña Solvay y otras tantas para bajar de nuevo al Refugio Hornli.

Dificultad: AD+ III. Con nieve la dificultad y la exposición se incrementan de forma notable. La vía es expuesta prácticamente en toda su trayectoria. Atención constante.

Desnivel: 676 metros desde el lago Schwarzsee hasta el Refugio Hornli y desde aquí 1.218 metros hasta la cumbre (743 metros hasta la Cabaña Solvay).

Material: el casco es imprescindible, algunos anillos y cintas para rápeles, algún fisurero y dos o tres clavos. Cuerda de 60 metros y 9 milímetros.

Bibliografía:

- Cuatromiles de los Alpes por rutas normales, de Richard Goedeke. Desnivel Ediciones.

- Los cuatromiles de los Alpes, de Helmut Dumler y Willi P. Burkhardt. Desnivel Ediciones.

Enlaces útiles:

- Descripción completa de la ruta con fotografías. La página está en francés pero las fotografías que tiene son las mejores que he encontrado en la web (pinchar donde pone "Faîtes l'ascension pas à pas").

- El Matterhorn en directo (con una base de datos con fotografías de la montaña todos los días del año).

- El tiempo en Zermatt.

- Remontes mecánicos en Zermmat (precios y horarios).

- Refugio Hornli.

- Recorrido Madrid-Zermatt en la web de viamichelin.

- Descripción detallada de la ruta. Está en francés pero he hecho una traducción que encontrarás a continuación. Personalmente no me sirvió de mucho pero puede que a tí te sea más útil.

(Este texto ha sido traducido. Pincha aquí para leer el texto en su versión original en francés)

"CERVINO – ARISTA HORNLI

GENERALIDADES:

Al partir de madrugada, el itinerario es difícil de encontrar en la oscuridad. Es posible tratar de seguir la hilera de luces. También se puede realizar la víspera el reconocimiento del recorrido hasta “Auf dem Grat” (unas dos horas, ida y vuelta).

La principal dificultad consiste en no perder la ruta. Al ser la roca muy delicada hay que tener cuidado constante para evitar caídas de piedras.

Al salir del Hornli Hutte no subir directamente sobre la arista. Hasta la cabaña Solvay el itinerario va por debajo de la arista. Si te encuentras en zonas donde las rocas estén sueltas es muy probable que no sea el camino correcto.

Se requiere una excelente forma física y buena aclimatación a la altitud. El sol ilumina la montaña por la mañana temprano.

ASCENSO:

Tras una primera losa en la salida y un tramo de bloques por debajo de la arista, dirigirse hacia un primer corredor, remontarlo algunos metros y hacer una travesía hacia la izquierda de unos 20 metros por una vira bien marcada.

Subir la montaña de frente y dirigirse en oblicuo a la derecha, hacia la parte oeste del primer corredor. Escalar un gran diedro escalonado y alcanzar una primera vira de bloques desde la cual, por un corto resalte llegamos a otra vira por la que se sigue hacia la izquierda y desde la que se sube por primera vez a la arista.

Desde la arista se divisa el segundo gran corredor. Seguir por el filo de la arista hasta que se inclina. Continuar a la izquierda (cuerda fija). Escalar una grada y volver de nuevo a la arista. Descender al pie del tercer corredor. Hacer una travesía horizontal por una vira amarilla-marrón paralela a la arista evitando acercarse demasiado a la misma. La vira (sendero) finaliza en una zona de bloques (Steinschlag). Girar ligeramente hacia la izquierda y seguir recto por buenas gradas unos 60 metros para alcanzar una nueva gran vira horizontal que conduce hacia una pendiente característica (Eseltritte). Trepar esta pendiente por varias chimeneas cortas y trazas de sendero hasta una pequeña torre bien visible 50 metros bajo la arista.

Pasar bajo la torre por la izquierda y luego en horizontal a través de la cara este por un corredor delicado (pitones). Aparece ahora sobre la arista una torre característica 3746 m.) que alcanzamos por una travesía unos metros al este de su base derecha. Una vira (pitones) lleva a la base de la torre (antiguo refugio).

Remontar una nueva vira rocosa (Gebiss) –pitones- y, finalmente, una pendiente de unos 100 metros paralela a la arista (cables) para alcanzar las losas al este de la cabaña Solvay (4003 m.). Al oeste de la cabaña subir hacia la arista por un resalte y placas. Una brecha conduce a una pequeña torre. Desde la torre seguir la arista hasta “Untere rote Turm” donde sorteamos las dificultades por el lado izquierdo. Alcanzar el hombro y luego la arista por encima del hombro y continuar en dirección al “Obere rote Turm”; evitar las dificultades por la izquierda. Por cuerdas fijas seguir hasta la cima.

DESCENSO:

Para descender bajar las “Obere Dach” y “Untere Dach” hasta las cuerdas fijas. Seguir la arista sorteando las dificultades por la derecha (“Obere rote Turm”). Alcanzar la arista del hombro y el hombro (cuerdas gruesas). Continuar descendiendo la arista hasta la “Untere rote Turm” evitando los pasos difíciles por la derecha y retomar la arista bajo la torre (barras de hierro y pitones). Continuar por la arista o ligeramente a la derecha (pitones) hasta una brecha justo antes de una pequeña torre (“Obere Moseleyplatte”). Descender por una placa (pitones y barra de hierro) a la derecha hacia la cabaña Solvay.

Al este del refugio descender hacia las barras de acero de la “Untere Moseleyplatte”. Seguir descendiendo unos cien metros paralelos a la arista (cables) hasta las barras de acero del Gebiss. Desde la última barra en el extremo izquierdo de la gran vira, bajo el Gebiss, seguir los pitones que descienden en oblicuo hacia la izquierda y rodear una pendiente rocosa desde la que se ve una torre característica. Descender un poco y tomar una vira horizontal hasta el pie derecho de la torre (“Altte Hutte”).

No continuar el descenso por la cara este; atravesar una vira al pie de la torre hacia la izquierda (barras de hierro y pitones). Aparece otra torre en la cara Este próxima a una pendiente que desciende. Bajar en paralelo a la arista en dirección a dicha pendiente y atravesar un corredor visible en el último momento a la altura de la torre (pitón) para llegar a la pendiente (Esseltritte). Descenderla por la cara este hasta una brecha que lleva hacia la izquierda donde se acaba la pendiente.

Una nueva torre característica se ve más abajo sobre la arista, a media distancia del Refugio Hornli. Seguir en oblicuo la cara este por una vira rocosa horizontal bien visible para luego descender 60 metros hasta una vira de bloques que conduce al principio de una especie de sendero (roca amarilla-marrón) que atraviesa toda la cara en paralelo a la arista hasta debajo de la torre.

Poco antes de la torre atravesar un corredor en la cara este, franquear la torre (“Auf dem Grat”) sobre la arista hasta que sea posible descender una veintena de metros a la derecha. Volver a la izquierda hacia la arista (cuerda fija). Destrepar un pequeño resalte y volver a la arista. Continuar por la misma hasta después del segundo corredor.

Unos 50 metros después del segundo corredor salir de la arista a la derecha por gradas de roca hasta una vira que lleva al lado oeste del primer corredor. Bajar a lo largo de ese corredor hasta el momento en que sea posible salir fácilmente a la derecha. Seguir hacia la derecha una decena de metros; bajar una grada y luego por viras y huellas siempre a la derecha ganar una vira (sendero evidente) que nos lleva hacia la izquierda al primer corredor, que se atraviesa y destrepa algunos metros antes de dejarlo por la izquierda para seguir el sendero bien marcado que nos conduce a la primera placa (cuerdas fijas).

ACCESO: desde Zermatt tomar el teleférico a Schwarzsee y luego el sendero que sube al Refugio Hornli en aproximadamente 1,30 h.

MATERIAL: casco indispensable, una cuerda doble de 30 m., crampones y piolet.".

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10 Mayo 2006

Pico de Aspe (o de la Garganta de Aisa) - Corredor Norte (AD)

Quien vea la cara Norte del Aspe por primera vez difícilmente podrá quitársela de la cabeza. El Aspe, también conocido como Pico de la Garganta de Aisa, no está en la lista de los tresmiles pirenaicos, pero pese a no elevarse más que 2.645 metros sobre el nivel del mar, no puede negársele el honor de poseer toda una señora cara Norte.

Para comenzar la temporada invernal del año 2006, tres amiguetes (Pablo Renedo, Fernando Blas y Pablo Parrón) decidimos darle un tiento a la ruta más asequible que atraviesa esta imponente cara Norte, el Corredor Norte, catalogado como AD.

La ruta comienza en la estación de esquí de Candanchú. Nosotros llegamos a la estación el viernes 13 de enero de 2006 y decidimos continuar hasta la frontera francesa. La atravesamos y colocamos la tienda en el primer sitio que nos pareció mínimamente aceptable al lado de la carretera. Recuerdo una noche de mucho frío, tanto porque efectivamente lo hacía como por el hecho de que olvidé el aislante en casa y tuve que dormir sin él sobre la fría nieve. De no ser por un par de mantas que llevaba Pablo R. en el coche y que pude colocar bajo mis huesos no se que habría sido de mí.

A la mañana siguiente, con previsión meteorológica dudosa, comenzamos la marcha desde Candanchú a eso de las 5,30 h., primero bajo las instalaciones del Telesquí Príncipe de Asturias y luego por el Telesilla Tortiellas. En este punto no puedo evitar hacer un inciso y es que nunca he entendido porqué a una calle, remonte o cualquier otro tipo de creación humana se le puede poner el nombre de un príncipe, rey, reina, duque, duquesa, conde, etc., para hacerle un honor del que no ha hecho crédito. Los nobles siempre han vivido del cuento y del esfuerzo de nosotros, los plebeyos. No entiendo porqué se concede dicho honor a quien representa a una de las instituciones más antidemocráticas, injustas e insolidarias que en la actualidad perviven en nuestra sociedad. Un cero en este aspecto a los gestores de la estación de Candanchú. Bueno, la cuestión es que en Candanchú existen dos remontes con el nombre Príncipe de Asturias I y Príncipe de Asturias II. Ambos tienen una trayectoria paralela por lo que se puede ir por cualquiera de ellos.

Lo normal es comenzar la ascensión de noche, cuando las pistas de la estación están cerradas y retornar cuando ya han cerrado los remontes. Si no conocéis la zona conviene indicar que según se avanza veremos a lo lejos dos collados. El Telesilla Tortiellas se dirige hacia el que está más a la derecha. Lo aclaro porque es fácil meter la pata ya que el collado al que se dirige el Telesilla Tortiellas parece empinadísimo desde la lejanía y la tendencia natural es dirigirse hacia el otro collado; al menos a nosotros nos pasó.

Desde el collado (o Puerto de Tortiellas) continuamos por las pistas en dirección a la Tuca Blanca, que dejamos a la derecha para descender por empinadas pendientes hacia el Barranco y los Neveros de Tortiellas. Ya vemos la Norte del Aspe y en pocos minutos estamos en la base de la montaña (unas 2 horas desde Candanchú).

Salir de las pistas fue un serio varapalo. Se acabó la nieve pisadita y enseguida nos dimos cuenta de que la cantidad de nieve polvo acumulada complicaría la ascensión, hasta el punto de llegar a plantearnos dejarla para otro día. No se si será porque después de ver la Norte del Aspe en vivo y en directo se nos antojaba que si no lo intentábamos en ese momento igual no volvíamos pero la cuestión es que nos pusimos a abrir huella (ese día fuimos los únicos que subieron por la Norte) y cuando nos dimos cuenta estábamos en las amplias rampas de nieve que dan acceso al corredor.

En el final de la travesía, enderezando hacia el corredor

Se comienza con una travesía en diagonal hacia la izquierda fácil pero muy expuesta y difícil de asegurar (una caída aquí supondría un vuelo muy largo). En esta zona el sol empieza a dar tempranito por lo que conviene tenerlo en cuenta si no hace mucho frío.

Buscando lo más fácil el itinerario se va enderezando hasta que nos encontramos definitivamente metidos en el corredor. Los últimos metros son más empinados y se nos hacen interminables por el estado de la nieve y la ausencia de huella.

Tramo final del corredor

Al llegar al final del corredor (patio impresionante hacia el otro lado), la vía sigue hacia la derecha. Esto es importante porque en las fotografías parece que la cima del Aspe está a la izquierda del corredor. Esa idea llevaba yo y casi me meto en la Arista del Murciélago, que estaba delicadísima y abarrotada de nieve blanda sin ninguna consistencia. Si no llega a ser porque oímos unas voces en la cima de gente que subía por la Brecha de Aspe y que nos sacaron de nuestro error nos hubiéramos metido en un fregao de campeonato. Desde el final del corredor hay que seguir hacia la derecha y en unos treinta o cuarenta metros estaremos en la cima. Pese a que en el embarque de la Arista del Murciélago ya habíamos sacado la cuerda, en este tramo, aunque se trata de una escalada fácil, la hubiéramos tenido que utilizar de todas formas porque el terreno estaba muy inestable. Como ya teníamos montada la reunión tardamos poco en hacer cumbre y tirarnos las fotos de rigor. Más de tres horas desde la base del Aspe, aunque en mejores condiciones la mayoría de las reseñas calculan entre 1,30 h. y 2,30 h. Nada más llegar hicieron acto de presencia unos nubarrones de muy mal aspecto, tal y como indicaba la previsión meteorológica, por lo que el descenso no se hizo esperar.

Fernando y yo en la cima, muertos de frío

Pablo y Fernando en la cima, no había nadie para tirarnos una foto a los tres juntos

Nubes poco prometedoras que aconsejan iniciar el descenso

Para descender hay que seguir la vía normal en dirección Suroeste hasta una brecha que se toma a la derecha (Norte) para continuar por una pala cuya inclinación se incrementa según se desciende.

La pala del descenso

Cuando la inclinación empieza a ser ya muy considerable se sale de la pala por la derecha, donde por terreno más favorable se desciende hasta prácticamente llegar al punto de partida y ya por el mismo camino de subida hasta la estación de Candanchú. En total unas 2,30 h., aunque a nosotros nos llevó algo más de tres horas.

El itinerario (¡vaya paliza nos metimos abriendo huella!)

Horario: Unas 2 horas desde Candanchú hasta el Aspe; otras 2 horas para la vía y otras 2 horas para el descenso de nuevo hasta Candanchú, aunque nuestra experiencia es que estos tiempos pueden ser muy variables.

Dificultad: AD, pendientes sostenidas entre 45º y 50º y algunos tramos hasta 55º al final del corredor.

Desnivel: 1.090 metros, de los cuales 500 de corredor.

Material: casco, piolets, crampones y algunos clavos y fisureros.

Bibliografía:

- Desnivel nº 207, pág. 28.

- Pirineos. Ascensiones en MIXTO, NIEVE Y HIELO, de Francis Mousel, editado por Desnivel.

- Estación de esquí de Candanchú (puede venir bien echar un vistazo a la situación de los remontes Príncipe de Asturias y Tortiellas, cuyo itinerario hay que seguir para la aproximación).

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