25 Octubre 2009
Después de un invierno generoso ha seguido un verano largo y hoy, 24 de octubre de 2009, el sol en La Pedriza es radiante como si estuviéramos a finales de agosto.
En la revista de octubre de la Federación Madrileña de Montañismo, se propone una serie de escaladas clásicas en la Comunidad de Madrid y como primera reseña, a la que continuarán otras en sucesivas publicaciones, aparece la vía Ezequiel por la fisura de la Emilio. La vía Ezequiel es característica por una cueva por cuyo interior transcurre el tercer largo, pero la variante por la Emilio evita la cueva por una estupenda fisura unos metros a su derecha.

Formamos dos cordadas, Luis Sebastián y Pablo Parrón, y Fernando Blas y un amigo de Torrejón, el Chepi, que lleva un añito sin ponerse los gatos después de ser papá. Será que es domingo o que no somos los únicos, lógico por otra parte, que hemos tenido la feliz idea de venir a repetir la vía que en una reseña muy tentadora nos ha puesto en bandeja la revista de la Federación con su reciente publicación. El caso es que estamos más de diez personas enredando en la plataforma desde la que salen buena parte de las vías de la parte derecha del Pico de la Miel, esperando que nos llegue el turno, y preferimos hacer los dos primeros largos de la Emilio, por los que, a cambio de una mayor dificultad, no tenemos que esperar para escalar más que lo que tardamos en colocarnos los cacharros y decidir cómo nos repartimos los largos.

Por la perspectiva de la fotografía la
longitud de los largos aparece muy distorsionada
Empiezo el primer largo (6a+) por una laja con una pequeña fisura en la que caben los dedos y algún microfriend para autoproteger hasta llegar al primer parabolt. La fisura, por la que se sube en bavaresa, se ciega al final y la chapa me queda demasiado alta. Por más que me estiro, con la mano izquierda una tanto precaria tirando de la bavaresa, la posición de los pies no acaba de ser buena y tengo que hacer varios intentos hasta que, al borde del patinazo, consigo pasar la express y me agarro a ella como un condenado. Pido a Luis que me coja bien para descansar los brazos y me pasa por la cabeza la idea de si no habría sido mejor esperar tranquilamente nuestro turno y subir por la Ezequiel, que mi compañero se conoce como el salón de su casa y yo mismo recuerdo bastante fácil de otras veces, una incluso vi a una cordada bastante talludita hacer el primer largo tranquilamente andando (IV). Lo único que tengo claro es que esto no es un V+, como indica la Guía de Escaladas en la Sierra de la Cabrera del Comité de Reequipamiento.

En el paso más delicado de la placa del primer largo
Hasta el siguiente seguro hay un pire más que interesante y no pinta nada fácil así que meto un anillo y tiro de artificial sin pensármelo pero superado el seguro el paso en libre es obligado. Sorteo un poco a la derecha por zona con musgo pero con unas bañeritas que parecen facilitar el progreso y cuando chapo el siguiente seguro veo que lo duro está por venir. Esto no es un quinto ni para el más clásico, con perdón si alguno se siente ofendido, y el pire vuelve a ser considerable. Piso la chapa sin miramientos pero luego el paso vuelve a ser obligado. Casi dos metros por encima de la tercera chapa la placa se empina aún más y los pies patinan a la mínima. Ni que decir que los agarres para manos son bastante exiguos y totalmente mentalizado de que esto me va a costar sudor y lágrimas me preparo para la caída que intuyo casi segura. Y lo dicho, para abajo que me voy. Luis me para suavemente y si no fuera porque de repente me veo colgado como un chorizo ni me entero. Sin pensármelo un segundo vuelvo a intentarlo con el mismo resultado y me veo obligado a echar mano de la cinta mágica de Luis, un apaño que alarga la cinta express un palmo y medio y deja abierto el mosquetón que va a la chapa enganchando el gatillo con un alambre. La muerdo para tenerla lo más a mano posible rezando para que no se me vaya al suelo en un más que probable tercer vuelo pero para mí sorpresa consigo por fin llegar al siguiente parabolt, desde el que la cosa mejora mucho hasta la reunión. Por lo que luego les cuesta subir a los demás creemos que la dificultad puede rondar el 6a+ sin miedo a pasarnos, aunque los alejes quizá hayan jugado su papel. Que cada cual juzgue.

Acabando el primer largo
El segundo largo (V+) se puede empalmar con el primero y parece mejor hacerlo así para llegar a la siguiente reunión antes de que se junte demasiada gente así que la chapo y sigo por la línea que marcan dos parabolts hasta la reunión común con la Ezequiel justo antes de la cueva. Un murito bien protegido con uno de los parabolts es el paso más difícil de la tirada pero no me siento con ganas de pelearlo después lo que acabo de pasar y acero sin compasión. En cuanto llego a la reunión recojo a Luis y le siguen Fernando y el Chepi.

La fisura del tercer largo vista desde la base
El tercer largo (V+) transcurre por una fisura muy vertical claramente visible unos metros a la derecha de la cueva. Por la izquierda se sube un bloque evidente y unos pasos a la derecha nos colocan ante la fisura. Unos quince metros con la dificultad muy mantenida y acentuada en los dos primeros, que se protegen perfectamente con friends pequeños y algún empotrador. Generosas setas a ambos lados permiten superar metros con buenos agarres, incluida la propia fisura. Al final de la misma un friend mediano para asegurar la salida y los últimos metros hacia la izquierda hasta la reunión, montada con parabolts un poco altos. En pocas palabras, un pedazo de largo, de los imprescindibles en el Pico de la Miel.

En la fisura

Fernando saliendo de la fisura
Le toca el relevo a Luis y comienza el cuarto largo (V) por un diedro-chimenea de libro que es ya parte de la vía Ezequiel. Unos tentadores parabolts que continúan recto marcan el camino por el que seguiría la vía Emilio (6a+, según la Guía de la Cabrera del reequipamiento). La chimenea se protege con algún friend grande y siempre ofrece buenas presas para pies y manos. Unos metros antes del final se abandona con unos estéticos pasos hacia la izquierda para salir por placa con setas excelentes hasta llegar a un canalizo. Aquí se puede montar reunión pero es preferible seguir unos metros por el canalizo (III+) hasta un árbol en el que la reunión se monta en un periquete con un cintajo.

Luis en el diedro-chimenea del cuarto largo

Canalizo fácil que en el último tramo del cuarto largo
El último largo (IV+) es evidente por terreno poco mantenido siempre hacia la derecha pero con un par de pasitos de IV+. Luis, que se lo sabe de memoria, lo hace rápidamente metiendo un solo friend, hasta el final de las dificultades. Hay que montar la reunión y en pocos minutos nos juntamos los cuatro para tirar la foto de rigor.
Unos pocos metros por bloques nos llevarían a la misma cima del Pico de la Miel pero como ya la conocemos bien bajamos directamente hacia la derecha por losas hasta el Callejón Soyermo. Un estrechamiento en mitad del callejón obliga a destrepar unos cuatro metros de cara a la pared por la parte izquierda (según bajamos). A la derecha del estrechamiento se instalaron hace poco unos peldaños de hierro que no han durado mucho (los reseña la propia revista de la Federación). Algún "justiciero de la ética" de los que ya estamos acostumbrados a tener que soportar en este mundillo los ha inutilizado por el bien de sólo él sabe qué y ya no es posible utilizarlos. Es incomprensible que nadie exponga a otro a un riesgo serio injustificado y sin considerar que impide a mucha gente disfrutar de un camino precioso y muy transitado por todo tipo de amantes de la naturaleza en general. No perderé la esperanza de que la justicia acabará cayendo como una losa sobre estos autoproclamados "justicieros". Espero también que al menos tengan la congruencia de no agarrarse a las Clavijas de Cotatuero, Soaso, a las estacas del Balaitous y de tanta "ferralla" ubicada por los macizos montañosos de todo el mundo permitiendo a miles de ilusionados montañeros y montañeras disfrutar de manera absolutamente responsable de parajes incomparables.

Clavijas "ajusticiadas" por algún iluminado dueño de la razón...
(en el destrepe del Callejón Soyermo)
Datos prácticos:
¿Cómo llegar al Pico de la Miel?
Desde Madrid hay que coger la Carretera de Burgos (A1) hasta la salida 57 en la que veremos la señal del pueblo de La Cabrera. En total unos 60 kilómetros. Enseguida entramos en la Calle de los Colegios, que seguiremos varios metros, hasta un callejón sin asfaltar a mano derecha (Calle de la Sierra), en la que dejamos el vehículo (ver el trayecto en la web de Viamichelin).
Desde aquí sube un camino que debemos seguir con tendencia hacia la derecha hasta un rellano desde el que sale un camino entre las jaras a la izquierda (hay que ir atentos porque es fácil pasárselo). Este camino enfila ya directo a la base del Pico de la Miel. Antes de llegar a la base el camino se bifurca en dos. El de la derecha se dirige hacia el callejón Soyermo y debe tomarse para acercarse a la base de las vías Ezequiel, Espolón Manolín, etc. El de la izquierda nos conduce al inicio de la Superpiloto, Piloto, Lola Flores, Chocolate y otras. Desde el vehículo hasta la base de las vías tardaremos unos 20 minutos.
Dificultad: 6a+, V+, V+, V, IV+. En el primer largo las chapas alejan. El tercer largo, el de la fisura, es muy mantenido.
Longitud: 200 metros.
Material: un juego de friends (algún microfriend para el primer largo) y otro de fisureros. Algún anillo de cinta. Casco.
Bibliografía:
- Guía de escaladas en la Sierra de la Cabrera, de la Federación Madrileña de Montañismo, editada por Desnivel Ediciones, págs. 45 y 49. Atención con esta guía porque contiene muchos errores.
- Altitud nº 8, octubre 2009. Revista trimestral de la Federación Madrileña de Montañismo, pag 28.
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12 Octubre 2009
Reseña versión corta, para quien sólo quiera repetir la vía (a continuación figura una versión larga, para quien también quiera algo de literatura sobre la apertura):
Largo 1: la vía comienza trepando unos metros para alcanzar dos paraboles que protegen unos pasos por una fisura algo ciega hacia la izquierda. Una vez superado este tramo se toma una fisura a derecha, para terminar haciendo travesía hasta la primera reunión.
Largo 2: montarse en el canalizo y continuar por él, para por la derecha buscar la encina con cintajos donde se hace reunión (esta reunión es común con varias vías).
Largo 3: salir un poco por la derecha a buscar el diedro que finaliza en las placas de la antecima. Antes de llegar, montarse en la placa de la derecha e ir a hacer reunión cerca de la última fisura antes de la canal de la Gatera (esta reunión se puede montar laceando algún bloque o metiendo algún cacharro).
Largo 4: tomar la citada fisura que desploma ligeramente en los primeros pasos para ir mediante pasos más sencillos a buscar un murete con dos setas que nos deja en una frondosa encina donde se monta la última reunión (esta fisura no está reseñada en ninguna de las guías que hemos consultado, aunque como el largo es a proteger en su totalidad y el risco esta próximo a Madrid puede haber sido ascendido con anterioridad).
Queda una sencilla trepada que nos deja próximos al rápel de bajada por la cara Este.

Maneras de vivir
Reseña versión larga:
El Pajarito o Cancho Largo se encuentra situado en el extremo occidental de la Sierra de la Cabrera, a tan sólo 50 minutos de Madrid. A diferencia de la masificación de las vías más clásicas del Pico de la Miel, aquí será rara la ocasión en que encontremos más de dos cordadas a la vez.
Luis Martínez me comentó hace ya algunas semanas, cuando vinimos a hacer la Moraleda, que había visto una línea que prometía una escalada interesante justo a la derecha de la Nines, abierta por Julio Marina hace más de treinta años, y nos planteamos abrir una nueva vía en este interesante risco.
La vía se abre en dos días, el 20 y el 26 de septiembre de 2009, y resultan cuatro largos y una corta trepada que esperamos se repitan muchas veces. El equipamiento necesario en el primer largo y el tono totalmente clásico de los restantes exigen la utilización de friends y fisureros. La dificultad media y buena protección, o posibilidad de hacerlo, de los pasos clave, ponen la vía al alcance de una gran mayoría de escaladores. Si contamos además con la corta, aunque empinada, aproximación, tenemos la receta para un buen día de escalada.
Los dos días de la apertura estamos Miriam López, Luis Martínez y Pablo Parrón, además de algunos amigos que echan una mano probando algún paso y a la vez limpiando un poco el granito y el buen puñado de bloques que tenemos que arrojar hasta el suelo para dejar una línea segura, aunque con el paso de más escaladores la roca quedará mejor.
Un amigo de Luis del rocódromo, Manu, nos deja un pedazo de taladro eléctrico de batería, y el día 20 de septiembre, tras analizar y probar otras opciones, decidimos subir por el diedro del primer largo de la Nines (V), algo sucio, para rodear un bloque hasta un arbolito. Desde el arbolito aseguro una travesía expuesta de Luis hasta la repisa en la que queremos montar la primera reunión. Desde la repisa, podemos ver una estrecha canal, con buen patio por la izquierda, por la que continuará el segundo largo. A vista parece bastante asequible y con buenas posibilidades de autoprotección, lo que es una buena noticia pues no habrá que usar el taladro más de lo razonable.
Como la cosa tiene buena pinta, Luis taladra rápidamente y coloca el primer parabolt, al que se asegura mientras coloca el segundo. Posteriormente dejaremos la reunión equipada con argollas para rapelar. Enseguida me recoge y hago la travesía hasta la reunión, desde la que rapelamos los dos para, con la cuerda desde arriba, probar las diversas posibilidades que ofrece el que será el primer largo. Después de varios intentos lo más factible parece una fisura hacia la izquierda poco profunda pero suficiente para ir colocando manos y empotrando algún pie. La fisura te echa hacia afuera y resulta más difícil de lo que parecía pero permite progresar con las manos y el pie derecho empotrado, mientras el izquierdo pelea en adherencia con una placa con el granito algo arenoso y bastante inclinada. Afortunadamente, en la parte superior de la fisura podemos soltar la mano izquierda para agarrar una buena oreja en la placa, difícil de ver. Basta con tantear un poco y en cuanto encontramos la oreja la dificultad decrece y en dos metros estamos al pie de una fisura en forma de media luna que tiene muy buena pinta.
Con un paso atlético nos montamos en la fisura, muy estrecha pero suficiente para meter bien los dedos, por la que se remontan varios metros hasta una evidente travesía que nos lleva a la reunión. La travesía resulta algo expuesta y preferimos reducir la exposición colocando un parabolt al inicio.
Primero prueba el largo Luis y luego yo, los dos a riesgo de pegarnos un buen péndulo con la cuerda pasada por la reunión, y como parece que sale un largo bastante bonito volvemos a rapelar para colocar los seguros. Aseguro a Luis mientras se pega la paliza de ir poniendo las chapas. Quedan colocados dos parabolts en la fisura a izquierdas del principio (que además, facilitan localizar el comienzo de la vía), un clavo después del paso atlético que da acceso a la fisura posterior, y un parabolt al comienzo de la travesía, además de la reunión con argollas para rapelar.

Escalando el primer largo de la Nines (V) para preparar el primer largo (6a)
Por hoy, ya hemos hecho bastante y recogemos los bártulos con idea de volver el próximo fin de semana a rematar la faena. Al viernes siguiente a Luis le ha sido imposible volver a localizar a Manu y no tenemos taladro pero la suerte está con nosotros y resulta que a José Antonio Sancho, compañero habitual de muchas salidas, le puede dejar una Hilti nuevecita un familiar que tiene una empresa de estructuras o algo así. El sábado 26 estamos otra vez a los pies de la cara oeste del Pajarito Luis, Miriam y yo. También nos acompaña José Antonio.

Colocando los seguros del primer largo

Iniciando la vía el segundo y último día de la apertura

Probando el primer largo

Hago el primer largo (6a), liberándolo por segunda vez, pues el fin de semana anterior ya lo liberó un amiguete de Luis del rocódromo, y me siento genial mientras recupero a Luis desde la reunión. Como parece que la fisura evidente por la que irá el segundo largo se puede proteger sin problemas preferimos descolgar el taladro y ya no lo utilizaremos más. Al final la Hilti volverá a su propietario completamente nueva. Luis se pone manos a la obra con el segundo largo (6a). La salida de la reunión es más difícil de lo que aparentaba, aunque se protege bien y enseguida da paso a terreno más sencillo. Luis arroja al vacío algún bloque suelto mientras progresa por la canal y luego gira a la derecha por una placa fácil hasta una encina en la que se monta la segunda reunión. Esta reunión es común a la segunda reunión de la Nines y la casualidad ha querido que el mismo Julio Marina, quien la abriera hace varias décadas, esté hoy escalándola con su hijo y otro compañero. Nadie mejor para confirmarnos que la vía que estamos abriendo no coincide con la ya abierta por él mucho antes.

Vista de la canal por la que transcurre
el segundo largo, desde la reunión
Desde la segunda reunión Luis me descuelga y voy limpiando la vía y dejando pasada la cuerda para que vuelva a recogerme, junto con Miriam y José Antonio y acabar entre los cuatro los últimos largos. Vamos con dos cuerdas de 60 metros y puede descolgarme hasta el suelo. Miriam y José Antonio se encuerdan a las cuerdas con las que me acaba de descolgar Luis y suben una tercera cuerda para luego recogerme a mí. Con tantas subidas la vía va quedando más limpia.
Tercer largo (IV). Desde este punto se entrecruzan vías y probablemente se haya subido ya por todas partes pero tratamos de seguir por donde no nos consta ninguna reseña. Seguimos en dos cordadas separadas, Luis y Miriam, y José Antonio y yo. Luis inicia el tercer largo por el terreno más evidente, y al final con tendencia hacia la derecha hasta unas buenas repisas en la primera fisura a la izquierda de la vía Gatera. Es el largo más sencillo (IV). Luego subimos José y yo. La reunión se monta con friends.

Tercer largo (IV)

Cuarto largo (V+). La primera fisura que se encuentra a la izquierda de la vía Gatera, presenta un paso justo al comienzo de esos que se pasan más o menos bien con los seguros colocados pero hacen sudar cuando toca equiparlos porque desploma ligeramente y obliga a tirar de brazos mientras se busca la pieza adecuada, se coloca y se pasa la cuerda. Una vez superada la corta fisura, se sigue recto hasta un muro que obliga a dar unos pasos a la izquierda y superar otro muro, con una seta característica que sirve para superarlo y para pasar una cinta para asegurar, hasta unas encinas en las que se monta la cuarta y última reunión.

La fisura de salida del último largo (V+)
A la sombra de las encinas nos desencordamos y trepamos los últimos bloques hasta localizar el rapel montado para el descenso. Normalmente no se sube el bloque cimero, que queda a nuestra derecha. Nos abrazamos y empieza la divertida tarea de ir buscándole un nombre a la vía, discusión sobre el grado de cada largo... A nosotros nos parece estupenda pero es mejor que lo digan otros, ¿o no? Esperamos que a través de esta página colabores a ajustar el grado, hacer la crítica que se te antoje o agradecimientos, si fuera el caso. ¡A disfrutar!


Datos prácticos:
¿Cómo llegar a Cancho Largo -o el Pajarito de la Cabrera-?
Desde Madrid, tomamos la Nacional I, hasta el kilómetro 57, en el pueblo de La Cabrera. Seguir las indicaciones al Convento de San Antonio, donde dejamos el coche. Se trata de un tranquilo monasterio que puede visitarse. Rodear la valla del monasterio y en unos metros pasamos por una canalización de agua. A la izquierda sale el camino que asciende hasta el Pajarito, que vemos perfectamente desde abajo. Entre 20 y 30 minutos de camino bastante empinado.
Dificultad: 6a, 6a, IV, V+. Los dos primeros largos también pueden ser V+/A0 y IV+/A1, respectivamente. En el cuarto largo también se puede tirar de algún friend.
Longitud: 120 metros.
Horarios: entre 20 y 30 minutos de acceso desde el monasterio, unas dos horas para la vía, 15 minutos para el descenso hasta pie de vía y otros 20 minutos de vuelta al monasterio.
Material: un juego de friends y otro de fisureros. Anillos de cinta para reuniones en árboles. Casco. El primer largo está semiequipado con un clavo y tres parabolts pero hay que llevar algún friend mediano y pequeño. El resto está completamente desequipado.
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12 Octubre 2009
Suele decirse que la ascensión al Aneto (3.404 m.) por la cresta de Salenques-Tempestades es la forma más elegante de alcanzar la cima más alta de los Pirineos. Desde luego es la más larga, se desarrolla en terreno totalmente alpino y exige además tramos de escalada por encima de los tres mil metros. Todo ello unido a una aproximación exigente y las frecuentes tormentas atraídas por sus escarpadas agujas, aconseja acometer esta ascensión en buena forma, con anticiclón asegurado, una correcta planificación y muchas ganas.
Es la tercera vez que me propongo hacer esta ruta. La primera fue en junio de 2004, con Luis Sebastián. La previsión meteorológica era estupenda y lo planteamos con mochilón y todo el equipo de vivac. La idea era hacer la aproximación y dormir lo más cerca posible de la cresta para hacerla del tirón al día siguiente, pero el calor y el cansancio cuando llegamos al Collado de Salenques cargados como mulas nos aconsejaron darnos media vuelta y dejarlo para mejor ocasión.
La segunda vez fue a finales de septiembre de 2005, esta vez con Pablo Renedo. A Pablo no le gana nadie planificando una actividad y lo llevábamos todo medido para, con el peso estrictamente necesario, hacer la cresta durmiendo a lo largo de la misma sin penalizar el confort, bien preparados para el vivac. La previsión meteorológica no era mala pero cuando llegamos a la primera de las Torres de Salenques, inicio del tramo más difícil de toda la cresta, nos sorprendió una tormenta descargando una buena carga de granizo que lo dejó todo mojado. Además, ya habían caído los primeros copos de la temporada, y habíamos encontrado algunos pasos delicados en este primer tramo de la cresta con pequeños neveros, que normalmente no lo son. Aunque lo mejor hubiera sido retroceder sobre nuestros pasos y volver por el Collado de Salenques, el temor a estos pasos delicados, que ahora estarían mojados hizo que optáramos por hacer un par de rápeles de fortuna hacia el valle de Llosàs, al Sur. Como llevábamos cuerdas largas en dos rápeles estábamos abajo pero teníamos que volver hacia el Collado de Salenques subirlo por esta vertiente y bajar por la misma ruta de subida. La cuestión es que entre el cansancio y lo escarpado que nos parecía todo el terreno bajamos por el valle sin saber muy bien a dónde nos llevaría. Después de una bajada interminable entre miles de bloques y un bosque de hayas muy bonito al final, llegamos a una carretera que resultó ser la N-230, en un punto intermedio entre las poblaciones de Aneto y Vielha, a 70 kilómetros de nuestro vehículo y punto de partida.
Esta vez vamos Luis González y Pablo Parrón, y elegimos el fin de semana del 8 al 9 de agosto de 2009. Han pasado cuatro años desde la última vez que estuve aquí y para Luis es la primera. En todo este tiempo no creo que haya mejorado mucho mi nivel de escalada, bastante básico, pero sin duda he mejorado notablemente la resistencia física. A Luis le he conocido este invierno y ya se bien que no puedo ir con él a cualquier parte porque escala bastante más, pero para esto la cordada es ideal.
Salimos de Madrid el viernes 7 de agosto a las 18,00 h. y llegamos a Benasque sobre las 24,00 h. Dormimos bajo los techos del edificio que hay a la entrada del Camping Municipal de Benasque, al comienzo de la pista que lleva al Valle de Coronas y a las 5,00 h, suena el despertador. Bastante rápido recogemos y subimos con el coche hasta el aparcamiento que hay en la valla que corta el paso al vehículo particular hasta el Hospital de Benasque. Desde este punto, en los meses de verano, el Ayuntamiento de Benasque cierra el paso al tráfico rodado y habilita un autobús que sube y baja hasta la Besurta cada media hora desde antes del amanecer. Llegamos justitos para subir al autobús de las 5,30 h. y aprovechamos los quince minutos de trayecto para desayunar.

Amanecer en el Plan de Aigualluts
A las 5,50 h. salimos hacia la Cresta de Salenques. Desde la Besurta hay que seguir las señales hacia la Renclusa y el Forau de Aigualluts. Cuando el camino hacia el refugio se desvía a la derecha, nosotros seguimos recto hasta el Forau de Aigualluts (cartel indicador). Tras el Forau sigue la pradera del Plan de Aigualluts. Se avanza por el lado izquierdo hasta casi el final, donde otro cartel indicador indica la dirección hacia el Valle de Barrancs. El camino remonta el río por el margen derecho y se pone más pendiente. Poco antes de llegar al Ibón de Barrancs es mejor remontar un vallecito paralelo a la derecha que nos lleva a la Colladeta de Barrancs (2.480 m.), evitando así pasar por el mismo ibón, plagado de enormes bloques a lo largo de toda la orilla que hacen el avance bastante más penoso.

Ultimos metros de desnivel hasta el Ibón de Barrancs

Ibón de Barrancs
Desde la colladeta ya es bien visible toda la cresta y no hay más que seguir entre bloques y hitos en dirección al Collado de Salenques. A diferencia de los otros intentos ahora optamos por subir directamente hacia la Forca de Estasen, primer tres mil de la cresta, a la derecha del collado, por una especie de nervio en diagonal hacia la derecha que atraviesa un pequeño nevero y nos lleva al filo de la cresta. Aunque el final hay que utilizar las manos y el terreno se viene abajo a cada paso, es mucho más cómodo que la subida por el Collado de Salenques, que ya conozco, aún más descompuesto y empinado.

Llegando a la Forca de Estasen

Vista de la cresta desde la Forca de Estasen
Esta vez el planteamiento ha sido ligero, vamos con lo justo para hacer la cresta en el día y volver hasta abajo. Nada de saco, ni funda de vivac ni comodidades de ninguna clase. El material de escalada que hemos considerado necesario, algo de comida y abrigo (poco), y dos litros de agua cada uno. Yo llevo los pies de gato, por si acaso, pero Luis ni se lo ha planteado. La previsión meteorológica no es nada halagüeña pero con lo que nos ha costado ponerle fecha a esta aventurilla y el calor que hace en Madrid tenemos claro que es mejor pegarnos el viaje y, a las malas, tener que volvernos habiendo dado un simple paseo por la zona, que bien vale la pena, que quedarnos en casa. Además, no sería la primera vez que con mala previsión luego hemos tenido un día de montaña estupendo. Aunque normalmente hasta el inicio de la cresta tardaremos cuatro horas, al ir ligeros tardamos poco más de tres. Las nubes cubren el cielo y andando no hace nada de frío. En la Forca de Estasen nos ponemos arnés y casco y comenzamos a cabalgar hacia el Aneto. A pesar del mal tiempo anunciado las nubes han descendido y luce el sol en un espléndido cielo azul. Un mar de nubes de foto cubre a nuestros pies todo el valle de Barrancs y pensamos que tenemos tiempo suficiente para hacer la cresta antes del atardecer, cuando las tormentas son más frecuentes en el Pirineo.
La primera parte de la cresta no ofrece ninguna dificultad especial y el camino se deja encontrar con relativa facilidad. En caso de duda, siempre por la vertiente de Barrancs. Atravesamos un pasamanos de unos treinta metros con parabolts nuevecitos que no recuerdo en los intentos anteriores. Ahora no hace falta ni tocarlo pero con algo de nieve en la cresta seguro que se agradece echarle el guante. En poco menos de media hora llegamos a la primera Torre de Salenques (IV), donde sacamos la cuerda. Unas fisuras claras con tendencia hacia la derecha, valle de Barrancs, parecen fáciles y por ganar tiempo no me pongo los pies de gato. Con algún friend y alguna cinta para bloques se puede proteger fácilmente y en unos 20 metros llegamos a una brecha con dos clavos y cintas viejas para montar reunión. No hace falta llegar hasta la cima de la torre y en la brecha veremos el paso conocido como la Pajarita de Papel, un agujero formado por roca con esta forma (con algo de imaginación) por el que no es obligado pasar. A continuación tenemos la característica Torre de Salenques, que no se escala y se supera con un rodeo en travesía por su parte derecha. Sin ser difícil, la travesía es impresionante por el patio que presenta y con las botas tiene su gracia (IV+). Al final de la travesía una evidente canal (III+) sube ligeramente a la izquierda hasta la base del Primer Resalte de Salenques, una pared vertical de unos 40 metros que se puede escalar en uno o dos largos. Hay que tener cuidado en no pasarse la canal, alargando la travesía más de lo debido, de lo que no nos percatamos con lo que nos metemos en el primer embarque. Luis estira la travesía hasta rodear también el Primer Resalte de Salenques y llega a una canal que sale a la izquierda con un aspecto bastante imponente. Un microfriend empotrado y algunas citas dan fe de más embarques en este punto en lo que parecen probables rápeles de abandono. Aunque Luis llega a intentar subir por la canal enseguida ve la dificultad, más con las botas, y lo expuesto del terreno, que además desploma progresivamente, y regresa a la reunión que hemos montado. Pasa a asegurarme él a mí y retrocedo la parte final de la travesía con un paso muy expuesto para alcanzar la canal correcta. Le aseguro hasta mí y subimos rápidamente por la canal unos treinta metros hasta la base del Primer Resalte de Salenques. Nunca se puede descartar un embarque en este terreno y de momento se puede decir que seguimos disfrutando mucho de la escalada.
Luis comienza a escalarlo (IV+) por una fisura evidente con buenos agarres un poco a la izquierda, justo por el filo de la cresta. En unos 15 metros se llega a una plataforma en la que es posible montar reunión o continuar los 20 metros que faltan hasta la cima. Decide montar reunión y me asegura mientras subo y voy retirando el friend y la cinta del único clavo que ha usado para proteger el largo. En cuanto llego a Luis veo como está mirando la espesa niebla que de repente viene del valle de Llosàs.
El segundo largo lo hago recto, por tres clavos muy juntos justo por encima de la reunión que protegen al paso más comprometido (V+), que no dudo en acerar sin miramientos un poco nervioso por la niebla que se está metiendo rápidamente. Se trata de un pequeño desplome que da paso a terreno más sencillo hasta la cima del resalte donde monto reunión en un bloque. La niebla se ha metido definitivamente, pero pienso que ya hemos superado la parte más difícil y sonrío pensando que por fin voy a hacer esta cresta que tanto se me está resistiendo. Además, a pesar de nuestro embarque, todavía no es la una del mediodía y, en teoría, la parte de la cresta que nos queda no debería llevarnos más tiempo del que hemos tardado hasta aquí desde la Forca de Estasen, unas tres horas con lo que se cumpliría nuestro horario de estar de bajada, por camino que ya conocemos bien, sobre las cuatro, antes del horario en que son más frecuentes las tormentas. Recupero a Luis, que sube muy rápido y también acera en los clavos del paso clave. En cuanto llega guardamos la cuerda y seguimos, metidos en una espesa niebla mientras escuchamos no muy lejos algunos truenos con sus correspondientes relámpagos surcando líneas de luz entre las nubes oscuras.

Pasamanos en el primer tramo de la arista

Primera Torre de Salenques (IV)

Desde la reunión en la primera Torre de Salenques

Mar de nubes en un entorno excepcional

Paso de la Pajarita de Papel

Rodeando la segunda Torre de Salenques

Impresionante travesía en la segunda Torre de Salenques

Primer largo del primer Resalte de Salenques (IV+)

Recuperando a Luis desde la cima del primer Resalte de Salenques (V+)

Las nubes comienzan a taparlo todo

Diedros camino del Margalida (ya vamos por
mal camino. aunque encontramos algún clavo)

Desde la cima del Primer Resalte de Salenques hay que destrepar por terreno delicado (III+) unos quince o veinte metros. Una cinta en un bloque invita a rapelar pero, otra vez por ganar tiempo, destrepamos con cuidado. En teoría, desde aquí la cuerda ya no es necesaria, pero como siempre dependerá de la destreza que tengamos en este terreno. Al pie del destrepe vemos dos parabolts nuevecitos con una cinta para hacer otro posible rapel, suponemos que para abandonar la cresta. Pero el camino sigue remontando otra vez hacia el filo de la cresta por unas placas fisuradas de similar dificultad (III+) y longitud que el destrepe, unos quince o veinte metros. Cuando llegamos al filo la niebla no deja ver más allá de diez metros y perdemos toda referencia sobre el camino correcto. En vez de tomar la dirección acertada, que sería por la izquierda, por el valle de Llosàs, donde al parecer no hay más que seguir los hitos por terreno fácil incluso con alguna traza de sendero sin volver al filo de la cresta hasta la cima del Margalida, seguimos la cresta por la derecha, por el valle de Barrancs por donde parece más evidente. Unos cuantos metros de descenso e iniciamos una sucesión de diedros que no nos parece "relativamente fácil", como indica la reseña. Vamos sin encordar y en algún momento la exposición es considerable con algún paso de III+/IV, pero pasamos un clavo y un envoltorio de una barrita de cereales que parecen indicarnos el buen camino. Al final de los diedros, algunos bloques y estamos otra vez en el filo de la cresta pero parece imposible continuar. No vemos nada a más de 10 metros y desde el punto en que estamos asomamos la cabeza en todas las direcciones imaginables sin ver ningún paso factible.
Es evidente que estamos otra vez embarcados y los truenos que venimos oyendo desde hace rato ya están casi encima. La punta metálica del bastón que llevamos en la mochila y el material de escalada que todavía pende de nuestro arnés empieza a generar un leve silbido generado por la carga eléctrica que se percibe en el ambiente. No sé si será mi imaginación pero veo la misma cara de preocupación en el rostro de Luis y empezamos a angustiarnos. Estamos perdidos en medio de una gran cresta en un punto muy expuesto a los rayos y sin posibilidad de continuar sin hacer algún rapel hacia no sabemos dónde o montar algún tipo de tinglado. Ni falta decir que no hemos visto a nadie desde que salimos de la Besurta y debemos ser los únicos pardillos que hemos venido aquí con una predicción meteorológica tan poco favorable.
Es difícil asumir la decisión de tener que retirarse cuando es la tercera vez que te pegas la paliza de aproximación hasta el Collado de Salenques pero la situación convierte esta decisión en bastante sencilla, a falta de otras. Enseguida llegamos a la conclusión de que lo mejor es volver sobre nuestros pasos, rapelar por la misma ruta de subida las Torres de Salenques y bajar de la cresta por la Forca de Estasen o el Collado de Salenques, y ya habrá oportunidad de volver más adelante. No obstante, se plantea el problema del delicado descenso por los diedros que hemos subido. No sabemos bien cómo pero vamos retrocediendo poco a poco aunque no es exactamente el mismo recorrido. Resulta más sencillo, aunque siempre por terreno descompuesto del que exige toda la atención, hasta que llegamos a las cercanías del Primer Resalte de Salenques. Una placa de unos 25 metros nos separa de la cima donde podríamos montar el rapel en el mismo punto en el que montamos la reunión al escalarlo. Como es muy expuesta y la caída por necesidad mortal, Luis decide hacer un flanqueo hacia la izquierda por una panza de la pared que oculta el otro lado. Cuando le veo pasar con las botas por pequeños agarres con el vacio por debajo se me ponen los pelos de punta y más cuando me dice que lo que ve al otro lado es un diedro que no parece nada fácil como única salida hacia la cresta.
Luis lleva la cuerda en la mochila y ni se me hubiera ocurrido pedirle que volviera a pasar la panza para volver hasta mí, ni me veo capaz de pasar al otro lado. Otra vez la decisión es sencilla por falta de otra posibilidad y decido subir por la placa. Las suelas de las botas de cuero duras Kamet Enduro que llevo responden a la perfección y voy superando la placa entre abombamientos y agarres mientras cada treinta segundos oigo a Luis preguntarme, sin poder verle pero sólo unos quince metros a mi izquierda, que cómo voy y yo le pregunto lo mismo a él. Parece que escuchar al compañero aporta cierta tranquilidad, a falta de cuerda y conocimiento del terreno por el que nos movemos. Los truenos ya están encima y cuando todavía me faltan unos diez metros de placa empieza a granizar mojándolo todo rápidamente. En este momento ya no estoy disfrutando de la escalada y sólo el deseo de disfrutar de las experiencias que da la vida, evita que la mente se me embote y el miedo me bloquee en esta mierda de cresta. Cuando oigo a Luis gritarme que ha conseguido llegar arriba y ha localizado un rápel que podría ser nuestra salvación, tardo poco en llegar también arriba y verle de espaldas con su forro rojo chillón afanándose en montar el rápel, que refuerza con una de sus cintas. Cuando me ve sé que suspira igual que yo, pero sin hablar me muestra un hoyo que permite rapelar a una especie de cueva protegida parcialmente de la lluvia, que ahora cae fuerte con truenos intermitentes y a veces muy seguidos.
Rapela él primero y luego le sigo mientras me grita que ha encontrado otra instalación, un clavo con un cordino que no presenta el mejor aspecto del mundo. Esperamos unos minutos a que amaine la tormenta pero como la cosa sólo parece que puede ir a peor decidimos seguir bajando. El clavo no está introducido completamente en la grieta y veo como chiclea la cabeza mientras baja Luis. Luego bajo yo, también con cuidado, y recuperamos la cuerda sin problemas. Unos quince metros por debajo vemos un hito grande que no nos explicamos qué indica. Se puede destrepar por una especie de caminito, lo que en esta situación da una alegría considerable, hasta el hito y vemos que está en una repisa desde la que se ven varias instalaciones de viejos rápeles con clavos y bloques. Parece que aquí hemos confluido muchos en distintas retiradas y optamos por la instalación que nos parece más segura. En cuanto Luis desciende los primeros metros ve claramente que con los 25 metros de cuerda que tenemos llegamos definitivamente al suelo. Siento un gran placer cuando le oigo decirlo y empiezo a pensar que la próxima vez todo será más fácil porque ya casi me conozco esto como la palma de mi..., ¡pero qué leñe, debo estar enfermo!

La especie de cueva en la que nos deja el primer rapel

Sucesión de rápeles hasta el pie de la pared, en la vertiente de Llosàs


La pared por la que acabamos de
rapelar para abandonar la cresta de Salenques
Aunque menos, sigue lloviendo y tronando, pero ya no nos importa tanto y sabemos que no tenemos más que retroceder hasta el Collado de Salenques para volver al valle de Barrancs y luego hasta la Besurta, coger el autobús hasta el Hospital de Benasque y dormir plácidamente en los sacos que tenemos en el coche. Por cierto, encontramos una cuerda abandonada al pié de los rápeles, bastante deteriorada por las inclemencias del tiempo, que allí dejamos.
Pero la realidad va a ser bien distinta. Entre la niebla, la lluvia y el escarpado terreno que constituye el valle de Llosàs nos resulta complicado encontrar el camino correcto para volver al paso del Collado de Salenques y tras una buena caminata llegamos a la conclusión de que nos hemos perdido. Después de haber pensado en varias ocasiones que ya veíamos el paso, alegría a la que seguía la decepción de descubrir el error, estamos al borde del agotamiento. La opción de un vivac a 2.000 metros, sin saco ni esterilla, prácticamente con lo puesto, al raso y lloviendo, no nos atrae lo más mínimo pero cuando vemos una nueva bajada y subida para llegar a lo que, por enésima vez, pensamos que es el collado la realidad se impone. Si seguimos y resulta que nos hemos vuelto a equivocar estaremos muy cansados, a más altura y sin posibilidad ya de continuar. Los calambres en las piernas ya han avisado y cuando todavía estamos dándole vueltas al tema, al fondo del valle aparece una edificación que tiene toda la pinta de ser un buen refugio. Es todo un alivio y en cuestión de segundos me veo tomando una buena cena y un refresco comentando con Luis la jugada, a lo que seguirá un merecido descanso entre las mantas del acogedor refugio.
La decisión es rápida y ahora se impone buscar el mejor modo de destrepar una sucesión de cortados y los aproximadamente trescientos metros de desnivel que nos separan de lo que en este momento nos parece la civilización. Tras una primera parte en la que fácilmente vamos encontrando canales y terrazas de hierba y grandes bloques que nos permiten descender llegamos al último cortado. Primero hacia la derecha, imposible, y luego hacia la izquierda, tampoco. Miramos por todas partes y llego a pensar que vamos a tener que hacer un rápel delicado entre chorreras de agua que con la lluvia de todo el día, sigue sin parar aunque ya es muy suave, son auténticas cascadas, cuando Luis me llama y señala un pequeño resalte de hierba a unos cincuenta metros. Nos acercamos y aparece una empinada canal de rocas chorreantes y hierba, una auténtica pista de patinaje en la que caerse supondría un serio incidente. Pero parece posible destrepar y después ya es evidente el terreno llano en el que está literalmente anclado el refugio. Nos parece ver luz pero resulta preocupante no ver a nadie en la puerta ni en los alrededores. Es imposible que en un refugio de ese tamaño y en un entorno tan bello, no haya nadie en los alrededores o charlando en la puerta disfrutando de la puesta del sol. Son casi las ocho y ya llevamos más de catorce horas sin parar. Bueno, si no hay nadie no importa, no habrá cena como dios manda pero llevamos alguna cosilla para picar y dormiremos bajo techo para levantarnos como nuevos.
Poco a poco vamos destrepando, con especial cuidado de evitar resbalones, y llegamos al llano sin mayores complicaciones. Mientras nos acercamos al refugio no hablamos. Se trata de una edificación cuyo suelo está elevado poco más de un metro sobre finos pilares clavados en una gran roca relativamente plana. Un gran techo negro inclinado a ambos lados del refugio llega hasta muy abajo cubriendo todo el edificio. Bajo el suelo, un gran charco formado por la lluvia centellea como un espejo con los últimos rayos del sol. Era la luz que nos había parecido ver en el refugio. El disgusto que nos llevamos al llegar a la puerta prefiero no describirlo para ahorrarme el recuerdo. La puerta está cerrada a cal y canto y, al igual que en todas las ventanas, una gran plancha de metal está atornillada formando un auténtico búnker. Por no haber no hay ni manilla, ni siquiera cerradura alguna que permita adivinar cómo podrá entrar siquiera el desalmado que ha puesto esta trampa en la montaña. Unas semanas más tarde, investigando un poquito por la red, supe que se trata de un refugio privado para cazadores, que por cierto, viene señalado en el mapa de la Editorial Alpina.

Refugio privado para cazadores (¿?), cerrado a cal y canto
Sin prejuzgar la idoneidad de situar una propiedad privada en un entorno de alta montaña, parece lamentable que el Gobierno de Aragón, como cualquier Administración que actúe de manera similar en cualquier región, no se preocupe por adecuar directamente o bien instar al propietario de una casa en una ubicación semejante a adecuar un pequeño espacio cerrado (no hacen falta más que cuatro paredes y un techo), como sucede en la mayoría de grandes refugios en los que, por seguridad y un elemental deber de socorro, se habilita una parte libre cuando el refugio permanece cerrado. O si no, que coloquen un luminoso con una calavera bien grande en el techo del presunto refugio para que nadie se juegue la vida intentando llegar a lo que, en muchas situaciones, no puede parecer más que lo que nos pareció, la salvación en una situación delicada. Es como colocar a un niño hiperactivo, atiborrado de anfetaminas y disfrazado de superman en la azotea de un edificio después de haber visto tres veces seguidas toda la serie de películas de su héroe favorito...
Tras disfrutar del derecho al pataleo no queda otra que ir pensando en la mejor forma de organizarnos para pasar una noche poco prometedora. En la parte más plana de la gran roca sobre la que se alza el suelo del refugio un murito de piedra de escasos cuarenta centímetros de alto, vestigio de algún otro desdichado que ha pasado aquí la noche, forma un pequeño parapeto contra el viento, en la única zona en la que no hay charcos. Mientras voy sacando la poca ropa de abrigo que llevamos entre los dos, Luis da una vuelta antes de que anochezca del todo en busca de algún camino, señal o algo que nos indique dónde estamos.
Luis vuelve sin haber encontrado nada, cuando ya es casi de noche, y tomamos unos croissants y algo de leche condensada. Metemos medio cuerpo en las mochilas vacías y nos acurrucamos espalda con espalda tapados por una ligera manta térmica que al cabo de unas horas de dar vueltas se raja en varios trozos. Es difícil pegar ojo encima de una piedra húmeda, con los pies mojados y el cielo iluminándose intermitentemente con los resplandores de rayos que truenan a los pocos segundos. Aunque la temperatura no creo que bajase de los 5 o 6 grados nos pegamos unas buenas tiritonas y las diez horas que estamos intentado dormir se hacen eternas.
Con los primeros rayos, sobre las 7 de la mañana, empezamos a recoger mientras intentamos desentumecernos y observamos el cielo completamente nublado que nos depara el nuevo día. Al menos no llueve y acordamos tratar de alcanzar un collado que creemos debería ser el Collado de Salenques, para volver al coche, y en caso de volver a equivocarnos, descender por el escarpado valle que baja hacia no sabemos dónde.
Al llegar al supuesto Collado de Salenques, una nueva muralla a lo lejos franquea el paso al Valle de Barrancs. Desesperados, y como la cosa no está nada clara, asumimos definitivamente que estamos perdidos y comenzamos a bajar por el valle que muy probablemente lleve a alguna población. Algunos hitos marcan el tortuoso camino que entre bloques cruza varias veces un barranco y nos obliga a descalzarnos para atravesarlo en una ocasión. Según perdemos altura empiezan a aparecer algunos árboles y surge un sendero que desciende por un precioso bosque plagado de frutos silvestres, moras, arándanos... Tras casi tres horas de bajada el camino desemboca en un pantano por el que pasa una carretera y vemos a las primeras personas desde que subimos por Aigualluts. Han parado para ver el pantano y nos confirman la dirección hacia Benasque. Estamos en Lérida, a unos quince kilómetros de Vilaller, y unos sesenta de Benasque.

Aunque sobrevenida, la bajada por este valle bien vale una visita

Se impone hacer autostop y no tarda en recogernos un simpático catalán que resulta ser monitor de esquí de Baqueira Beret. Viaja con su hijo Jaume de siete años y tenemos una animada conversación montañera hasta que nos deja en el cruce hacia Benasque que está pasado Vilaller.
En el cruce estamos una media hora sin que haya suerte y, a pesar del cansancio, preferimos andar unos dos kilómetros hasta un camping en el que probablemente alguien salga para Benasque y donde pensamos comer algo. El camping resulta ser excelente y en el propio cruce un joven con una Mercedes Vito se ofrece para llevarnos hasta Benasque si seguimos en el cruce en lo que come con un amigo. Resulta grato comprobar que aun existen personas que desinteresadamente hacen un favor a otras en un mundo que lleva otra deriva. En lo que esperamos para un chaval que viene de hacer la Carros del Foc él solito, sin ayuda de refugios, y con un mochilón de impresión. Viaja en un Ford Fiesta rojo y se dirige hacia Benasque. Está encantado de llevarnos y volvemos a charlar animadamente con otro loco de las montañas. Se llama José y resulta ser un buen escalador muy aficionado a las competiciones. Después de contarnos mutuamente unas cuantas batallitas llegamos a Benasque y José se ofrece a acercarnos hasta el Hospital de Benasque, donde tenemos el coche. Desde luego, le estamos tremendamente agradecidos y le dejamos los tickets de bajada del autobús de la Besurta, que no hemos tenido que utilizar. El quizá pueda aprovecharlos porque se va a quedar unos días por Benasque. Como no podía ser menos le invitamos a unas cañas y nos despedimos. Nos queda el viaje de vuelta a Madrid, que realizamos satisfechos de la actividad realizada y analizando los errores cometidos con la cabeza buscando otro fin de semana o puente en el que podremos volver a intentarlo.
Datos prácticos:
¿Cómo llegar a Benasque?
Desde Madrid por la Nacional II hasta Zaragoza y luego desvíos sucesivas hasta Huesca, Barbastro, Graus y, por fin, Benasque. Desde Benasque continuar la carretera recto dejando a la derecha el desvío a las pistas de esquí de Cerler y tomando más adelante el desvío hacia el Hospital de Benasque. Si la pista está abierta, normalmente a final de temporada, se puede seguir hasta la Besurta. En total, unos 550 kilómetros y entre seis y siete horas de viaje.
Dificultad: En principio no hay pasos superiores a IV, pero los embarques son fáciles.
Longitud: Aproximadamente dos kilómetros y medio de cresta.
Horarios:
- Nos levantamos a las 5,00 h y a las 5,30 h. autobus.
- Empezamos a andar a las 5,50 h. y llegamos a la Forca de Estasen a las 9,15 h.
- A las 14,00 h. tormenta y nos bajamos.
- Llegamos al vivac a las 20,00 h.
- Salimos a las 8,00 h y llegamos a la carretera a las 13,00 h.
- Salimos con el coche para Madrid a las 17,00 h.
Material: en principio, estando acostumbrado a este tipo de terreno, basta con un par de friends medianos-grandes o fisureros, 3 o 4 cintas para bloques y otras 3 o 4 cintas express. En la práctica hay que contar con la necesidad de una retirada y lo que ello implica. Quizá encontremos rapeles montados, que en todo caso habrá que reforzar o cambiar cintas, o quizá no. Nosotros llevamos lo siguiente, y fue suficiente para un buen fregao: cinco friends de diversos tamaños y tres fisureros medianos-grandes, cuatro cintas express largas, seis cintas largas para bloques. Casco. Cuerda de 50 metros (llevamos una de 50 m. y 9 mm.). Crampones para la bajada por el Glaciar del Aneto. Bastón. La decisión sobre los pies de gato es muy personal. Si se escala normalmente V grado seguro que no los necesitaremos. Yo los llevaba en la mochila y luego no los utilicé. Luis directamente no llevaba. En todo caso, cada cual sabrá valorar la relación peso-seguridad-disfrute que más le convenga.
Bibliografía:
- Desnivel nº 131, agosto 1997. Pág. 84.
- Desnivel nº 211, mayo 2004. Pág. 72.
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12 Octubre 2009
El fin de semana del 11-12 de julio de 2009 se celebraba un concierto de Miguel Ríos, inicio de su gira de despedida, en Hoyos del Espino, justo en la zona situada en los alrededores de la carretera que lleva a la Plataforma. A pesar del ajetreo que es previsible en la zona con motivo del concierto el viernes 10 por la tarde salimos desde Madrid Luis González, Eduardo, Cristian y Pablo Parrón, con intención de dormir plácidamente en la Plataforma y al día siguiente escalar el Espolón de los López en el Almanzor (2.592 m.).

Espolón de los López
El jolgorio que hay en la Plataforma a las 12 de la noche parece que se va desvaneciendo suavemente mientras me duermo en un saco fino mirando las estrellas, o quizá precisamente mientras me adormezco dejo de oír las voces de los que todavía remolonean antes de dar por finalizado el día. La cuestión es que dormimos de fábula. La temperatura agradable va tornándose más fresca.
La musiquita del móvil de Luis empieza a dar la lata y nadie sabe como cuando por fin asomamos la cabeza y estiramos los brazos ha pasado más de hora y media desde el horario que habíamos previsto. Se está tan bien en el saco que no damos por perdido el tiempo y salimos hacia la Laguna Grande por la amplia calzada que comienza al final del gran aparcamiento que es, ni más ni menos, la plataforma, a las 7,00 h.
La subida hasta los barrerones coincide con la transición entre la noche y el día. El viento fresco que corre ayuda a mantener el ritmo y en poco menos de dos horas estamos tomando un café en el Refugio Elola. El personal siempre amable del refugio nos deja ojear una reseña de la escalada y nos confirma que la integral del Circo de Gredos, que pretendemos hacer de vuelta, desde el Almanzor para no pasar por el refugio y tener que volver a subir hasta los barrerones, no presenta ninguna dificultad y se puede hacer "corriendo". También nos despeja las dudas sobre el paso clave del espolón y nos dice que tiene clavos donde hace falta.

El Circo de Gredos desde los Barrerones
Sobre las 9,30 h., después del café y aprovechar los servicios del Elola para hacer alguna otra cosilla..., empezamos la fuerte subida por la ruta normal del Almanzor de la Portilla del Crampón. Muchos bloques y algún que otro nevero y ya tenemos a la vista la entrada de la vía. Es aconsejable subir por la Portilla del Crampón hasta que estemos a la altura de la base del Almanzor. Con una travesía hacia la derecha llegaremos a la entrada, en la cara este. También su puede tirar recto por el zócalo del Almanzor.

Llegando al Refugio Elola

Llegando al zócalo del Almanzor
Desde el Elola tardamos en llegar a pie de vía 1,30 h. Escalamos los cuatro juntos haciendo sólo uno los largos de primero. El segundo y el tercero con cuerdas de 9 mm. que van al primero. Y el tercero sube enganchada al arnés una cuerda simple para ir recogiendo al cuarto mientras el segundo asegura al primero abriendo otro largo.
A esta altura, a pesar de estar en pleno mes de julio, no sobra un forrito fino para no quedarse pelao. Luis González empieza el primer largo (6a o V/A0). Una fisura oblicua que sube hacia la derecha lleva a la base de una placa con una fisura que no se puede proteger. En la fisura un par de clavos permiten superar la placa en artificial si el cuerpo no da para otra cosa. Por encima de la fisura una placa con un clavo obliga a hacer una travesía ascendente hacia la izquierda hasta la base del espolón. Dos clavos para montar reunión. Cuando Luis nos grita desde arriba que subamos me agarro emocionado al canto de la fisura oblicua para ir subiendo hasta los clavos. El terreno me parece muy resbaladizo y de hecho se me van los dos pies juntos en una ocasión, sin que llegue a tensar la cuerda que me asegura desde arriba sólo porque la mano derecha aguanta atenazada a la fisura. Siempre voy muy ilusionado pero desde que oí hará unos quince minutos a Luis al hacer el paso que tira de los clavos no tengo la más mínima intención de intentar subir por aquí de otra forma. No hace falta conocer bien a Luis para saber que por aquí no paso. Un pequeño tirón y rápidamente atravieso la placa y llego a la reunión.

Comienzo de la vía

Luis en el paso de 6a, que se puede acerar tirando de los clavos

Travesía en la llegada a la primera reunión
Eduardo recoge a Cristian, que todavía está abajo, y Luis me pasa los cacharros y me asegura en el segundo largo (V). A partir de este punto y después de haber consultado en casa todas las reseñas que he podido no tengo nada claro si el recorrido que seguimos es el del clásico Espolón de los López o si, por el contrario, lo dejamos a nuestra izquierda. Un pequeño paso de decisión al principio y se sube a una placa con agarres muy pequeños y buena adherencia. Por la placa progreso hacia la derecha hasta un diedro que parece más fácil y hasta el que parece imposible colocar ningún seguro. Con más miedo que vergüenza doy los últimos pasos de la placa, de unos cinco o seis metros, consciente de que todavía no he podido poner nada desde la reunión, y llego al diedro para comprobar que necesitaría una pieza muy pequeña para poder asegurar. El caso es que he leído que es mejor no traer piezas grandes que luego no se podrán utilizar pero no llevamos ningún microfriend o fisurero muy pequeño y arrepentirse ahora vale de poco.

Segundo largo (V)
Bueno, subir por el diedro es más fácil y enseguida puedo meter un friend del 2, más testimonial que otra cosa, pero para la cabeza vale. Luis me mira desde abajo moviendo la cabeza y pregunta si ya he puesto algo con esa voz calmada que suele gastar y que se contagia rápidamente, algo que ahora agradezco. Dos metros por encima del friend una pequeña debilidad de la roca me deja colocar un excéntrico pequeño. Paso la cinta, pego un tironcito, ahora un tirón, no hay duda, a prueba de bombas, y rápidamente mosquetoneo las dos cuerdas. Cuando grito a Luis que ya he metido algo decente noto como las dos cuerdas que me unen a él se destensan ligeramente. Es evidente que ha pegado el mismo respiro que yo.
Más tranquilo sigo por el diedro hasta que parece factible abandonarlo por la derecha. Me asomo y se ve una buena repisa en la que debería haber montado reunión. Pero veo una cinta cochambrosa y que aparenta llevar ahí bastante tiempo. A la derecha de la repisa sale un diedro que en unos cinco metros lleva a la cinta, que rodea un bloque. Sigo y paso una cinta nueva por el bloque. Reunión. Para la forma en que estamos escalando la reunión resulta ser muy incómoda para cuatro, incluso para dos, y además un bloque enorme al lado parece seguro pero tampoco indestructible. En definitiva, que la reunión mejor en la repisa.
Cuando Cristian llega a la reunión asegurado por Eduardo confirma lo que imaginaba, el friend casi salió solo y el excéntrico le entretuvo un ratito. Mientras, Luis ya está empezando el tercer largo (V+), un diedro taponado por dos techos de los que el primero lo pasa ligeramente a la izquierda y el segundo de frente por un paso desplomado con buen agarre y muy sucio. Hace sudar. Superado el desplome Luis apura la cuerda entre bloques fáciles hasta que decide donde le apetece montar la reunión.

Vistas desde la mitad del tercer largo (V+), hacia arriba y hacia abajo

El cuarto largo (III+) lo hago lo más rápido que puedo apurando también la cuerda. Es trepada fácil y lo que queda parece igual así que el quinto largo (III+) lo hacemos ya desencordados. Tras otros 50 o 60 metros de bloques alcanzamos la cima del Pico Almanzor y nos unimos al nutrido grupo de montañeros que suben y bajan por la ruta normal. Las fotos, un vistazo al cresterio que desde el Almanzor atraviesa el Cuchillar de las Navajas, el Casquerazo, los Tres Hermanitos, La Campana... y así hasta el Morezón, y para abajo.

Arriba y abajo, la tónica general de los dos últimos largos (III+)


La cumbre del Pico Almanzor
El descenso del Almanzor puede hacerse por varios sitios. Hoy optamos por el destrepe directo (III) desde la cima hacia las canales oscuras, pero recuerdo una bajada más fácil por una corta chimenea por debajo de los bloques cimeros. Cualquiera que sea la opción escogida en unos 30 minutos estamos otra vez de vuelta en las mochilas. Con la alegría de la bajada por la Portilla del Crampón no conviene olvidar que al final tenemos que desviarnos a la izquierda hacia la entrada del Espolón, de lo contrario nos tocará volver a subir hasta las mochilas.
Son casi las cuatro con lo que ya llevamos danzando unas nueve horas pero Luis y yo nos vemos con ganas para volver por la integral, mientras Eduardo y Cristian prefieren bajar al refugio para volver a la Plataforma por los barrerones. Una particularidad del acceso al Circo de Gredos es que la vuelta supone hacer el mismo desnivel positivo que a la ida, cuando lo más habitual es que sea una bajada, con lo que siempre conviene no hacer la vuelta muy tocado. Apostamos unas cervecitas a ver quien tarda menos y nos ponemos en marcha.
A media ladera, sin perder altura, nos dirigimos hacia la cuerda de la integral que sube al Casquerazo. Como nos comentaron en el refugio no encontramos ningún obstáculo importante y los hitos nos guían por la fácil cresta. Los hitos a veces no se distinguen bien pero el avance es siempre posible hasta que cuando dejamos atrás el casquerazo de repente los perdemos. Tenemos la cresta a nuestra izquierda y varias canales parecen practicables para seguir, aunque no es seguro que no acaben en precipicio. Finalmente optamos por una en la que vemos un papel y que resultó ser buena. Al salir de la canal tenemos a nuestra izquierda los Tres Hermanitos y la Placa del Perro que Fuma. Nos acercamos y llegamos a un collado desde el que volvemos a ver el Circo de Gredos con el Elola y la Laguna Grande al fondo. Desde este punto Luis ya conoce el camino por haberlo hecho antes y nos cruzamos con una pareja que nos aconseja seguir los hitos que veamos más pegados al borde de la cresta. Pasamos los vivacs al pie de los Hermanitos y la Campana y volvemos al otro lado de la cresta. Ya estamos viendo la cima del Morezón bien cerquita cuando no se cómo volvemos a estar metidos entre brezos y rocas. Hemos vuelto a perder el camino pero atrochamos como podemos y cuando giramos la cabeza hacia atrás ya hemos pasado el Morezón y reconocemos fácilmente la bajada que este invierno hemos esquiado varias veces. En vez de nieve, prados de yerba y rastros de camino cada vez más definidos nos llevan a la ruta normal de los Barrerones y la Plataforma.
Cuando llegamos, Eduardo y Cristian ya se están tomando una cerveza fresquita a nuestra salud sentados en el asfalto. Llevan ya 30 minutos. Son las 19,30 h. así que la vuelta nos ha llevado casi cuatro horas y toda la actividad unas trece.
Datos prácticos:
¿Cómo llegar al Circo de Gredos?
Desde Madrid por Avila y el Puerto de Menga o bien por Talavera y el Puerto del Pico. Luego hacia Navarredonda de Gredos y Hoyos del Espino, desde donde sale la carretera que lleva a la Plataforma de Gredos. Unas dos horas.
Dificultad: 6a (V/A0), V, V+, III+, III+. Por la altura a la que se desarrolla la escalada, 2.400 m. al pie de vía, es recomendable en los meses de verano.
Longitud: 200 metros.
Horarios: Desde la Plataforma hasta el Refugio Elola, 2 h. Desde el refugio hasta pie de vía, 1,30 h. Para la vía 3 h. El descenso 30 m. La vuelta hasta la Plataforma por la integral del Circo de Gredos, 3,30 h. Entre paradas y descansos calcular en total entre doce y quince horas.
Material: cintas largas, un juego de friends y otro de fisureros, sobre todo pequeños y medianos y algún micro, anillos. Casco. Cuerdas de 60 m. Para la bajada por la Portilla del Crampón conviene subirse calzado adecuado.
Bibliografía:
- Circo de Gredos. Escaladas en hielo, nieve, mixto y roca, de Raúl Lora del Cerro, editada por Desnivel Ediciones, pág. 192.
- Escaladas en el Sistema Central. Madrid, Ávila, Salamanca, Segovia, de Tino Núñez, editada por Desnivel Ediciones, págs. 240-241.
- Las 100 mejores escaladas de la zona centro, de Pablo Aguado y David Gómez, editada por Barrabés Editorial, pág. 260.
- Desnivel nº 197, abril 2003. Pág. 60.
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12 Octubre 2009
Para comenzar el mes de julio, es día 4, y como hace bastante calor, salimos desde Madrid dirección Arenas de San Pedro para ir a Los Galayos. La Punta Tonino Re se encuentra situada justo al este del Pequeño Galayo, y es bien visible desde el Refugio Victory.
Después de hora y media de caminata, con la empinada apretura de por medio, llegamos al pie del Pequeño Galayo. Enfrente, en dirección contraria al refugio, se encuentra La Punta Tonino Re. En su cara suroeste abrieron en 1952 Carlos Benavides y Máximo Serna, una clásica de dificultad moderada, ahora, que a través de 120 m. de placas, diedros, bloques y un aéreo espoloncillo nos sitúa en la cima de una punta con vistas excepcionales, desde la que vemos, las Puntas Gemelas, la Norte del Torreón, el refugio, Pequeño Galayo, Gran Galayo con su Gran Diedro como la muesca de un cuchillo gigante.

Benavides-Serna a la Punta Tonino Re
Para acceder a la vía remontamos una pequeña travesía por bloques que da entrada a la canal del Torreón. Enseguida nos encordamos. Vamos Luis Martínez, Jesús Rabanal y Pablo Parrón. Empiezo el primer largo (IV+) por primero por terreno fácil y con algo de vegetación y luego en dirección a un evidente diedro más inclinado. Al final del diedro montamos reunión en un colladito en el que casi nos podríamos desencordar. Reunión cómoda. Como pasa frecuentemente en Galayos, con el sudor de la subida y el fresquito que siempre corre a primera hora en el Galayar, también en verano, nos hemos quedado helados pero el sol empieza a dar en la pared.

Primer largo (IV+)

Luis se prepara para empezar el segundo largo (IV+). Lo más difícil al principio, una placa con agarres. Luego por terreno más fácil pero muy inclinado hasta el comienzo de un diedro muy vistoso al pie del cual se monta la segunda reunión.

Salida del segundo largo (IV+)
El tercer largo (V) remonta el diedro, más fácil de lo que parece, con muchos y buenos agarres y protegido con varios clavos. Mirándose entre las piernas hacia abajo en medio del diedro cualquiera podría creerse superman. Muy bonito. Al final del diedro puede montarse reunión o, mejor si vamos con cuerdas de 60 metros, sorteamos unos bloques por la derecha para luego remontar hacia la izquierda hasta un espoloncillo imponente pero muy fácil de unos 4 o 5 metros y de difícil protección, que lleva a la cima.


En el magnífico diedro del último largo (V)

En el espoloncillo que antecede a la cumbre
Disfrutamos tranquilamente unos minutos del increíble paisaje que tenemos hacia los cuatro puntos cardinales y comenzamos con mucha calma el descenso. Aunque buscando un poco se puede destrepar perfectamente desde la propia punta (varios tramitos de III+), también se puede rapelar desde unas argollas. Aunque en algún punto dudemos siempre se puede seguir bajando. A nuestra izquierda tenemos las Puntas Gemelas y la Punta Margarita, y de frente el Torreón. Por la canal del Torreón volvemos al punto de partida (también un corto tramo de III).


Destrepe por la canal del Torreón
Para bajar a la Plataforma del Nogal del Barranco, donde empieza el asfalto, nos acercamos hasta el refugio y tomamos el camino que sale por detrás hacia las zetas que evitan bajar por la apretura. Aunque se da más vuelta es más cómodo. Cuestión de gustos aunque la bajada por la apretura me resulta más entretenida si no bajo muy cansado.
Datos prácticos:
¿Cómo llegar a Los Galayos?
Desde Madrid tomamos la A5, carretera de Extremadura, hasta el kilómetro 91, donde cogemos el desvío hacia Arenas de San Pedro. En Arenas de San Pedro una señal indica hacia Guisando y El Hornillo. Tenemos que ir a Guisando, unos tres kilómetros, y desde aquí hasta la plataforma del Nogal del Barranco (otros tres o cuatro kilómetros), donde dejamos el coche. En total, casi 180 kilómetros que se hacen en unas dos horas o dos horas y media.
Dificultad: IV+, IV+, V.
Longitud: 120 metros.
Horarios: para la vía calcular unas dos horas. Desde la Plataforma del Nogal del Barranco al pie de vía, 1 h. 40 m. y el descenso poco menos.
Material: cintas largas, un juego de friends y otro de fisureros. Casco. Valdría con cuerdas de 40 metros pero mejor llevar cuerdas de 60.
Bibliografía:
- Escaladas en el sureste de la Sierra de Gredos, riscos de Villarejo, Galayos y Torozo, de Gabriel Martín, editada por Desnivel Ediciones, pág. 46.
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11 Octubre 2009
Tras un invierno excelente, en lo que a precipitaciones de nieve se refiere, en el que no hemos parado de esquiar, llega el buen tiempo y toca cambiar las tablas por los pies de gato. Es 20 de junio de 2009 y hace poco más de dos semanas estábamos deslizándonos por la ingente masa de nieve que todavía cubría el glaciar del Aneto, poniendo punto final a la mejor temporada que se recuerda desde hace bastantes años.
Por contra, el piolet este invierno prácticamente no ha salido del armario y hemos llegado a estar más de tres meses seguidos sin tocar la roca por lo que plantearse para empezar la Oeste clásica de la Aguja Negra me produce un cierto cosquilleo en el estómago. Precisamente por haberla hecho ya un par de años atrás con Fernando Blas, el recuerdo de esta vía me pone en alerta. Recuerdo con total nitidez el reto que entonces me supuso esta escalada, la más larga de Los Galayos, unos trescientos metrazos que se reparten en al menos siete largos, con la famosa placa del tercero, el Jardín de los Botánicos en la parte superior, diedros, placas, y todo ello en el incomparable marco del Galayar, donde se practica la escalada más pura que se pueda desear. Llevamos todos los cacharros que teníamos y escalamos en doble con una cuerda de 9 mm. y otra de 10,5 mm, mal hecho pero así fue, coincidió que no había nadie más en la Aguja Negra y no tuvimos ninguna referencia visual de alguien que nos precediese, lo que siempre facilita las cosas y da un punto de tranquilidad. En definitiva, que no me parece una vía adecuada para volver a trepar después de varios meses sin oler la roca pero el caso es que a Luis García viene a verle una amiga de Alemania, Kora, y hay que aprovechar para que vea lo mejor de lo mejor de la península.

Con la cara oeste de la Aguja Negra detrás
Formamos dos cordadas, Kora Parey, Luis García y José Antonio Sancho, y Miriam López, Luis Martínez y yo mismo, Pablo Parrón. Salimos tempranito desde Madrid y a las 8,30 h. salimos de la Plataforma del Nogal del Barranco por el camino que lleva al Refugio Victory. La ya conocida subida se las trae, sobre todo cuando toca afrontar la apretura, dejando a la izquierda las zetas que, en camino algo más cómodo pero también más largo igualmente llegan al refugio. En las dos fuentecillas que encontraremos en el trayecto cae agua suficiente para reponer si el sol pega fuerte y en aproximadamente 1 h, 30 m. llegaremos a la canal en la que empieza la Oeste de la Aguja Negra. Sin tener que llegar al refugio, a la altura de la estética Punta María Luisa y justo a su derecha comienza la escalada.
Al pie de la Punta María Luisa nos preparamos y dejamos las mochilas, salvo una por cordada para echar las zapatillas para el descenso y algo de agua. Los dos primeros largos de la vía admiten múltiples variantes. Los que hice hace dos años con Fernando eran bastantes más difíciles que los que ahora tomamos. Nada más empezar la canal de la Aguja Negra sale a la derecha un primer largo (III+/IV) sencillo que hacemos aún sin encordar. En unos bloques en terreno muy sencillo montamos reunión.

El primer largo (III+/IV)
Nos encordamos y comenzamos el segundo largo (IV+), que transcurre por terreno no muy mantenido con algún paso de pararse a pensar y siempre con tendencia hacia la izquierda hasta la base de la famosa placa del tercer largo. Salvo estos dos primeros largos, que muchas veces no tendremos claro ni por donde hemos hecho, el resto resultan bastante más evidentes.
La vista ya es realmente bonita, con el Refugio Victory al fondo, un buen patio a nuestros pies, la multitud de agujas que nos rodean, y cuanto más subes no hace sino ir mejorando, aunque desde este punto cueste creer que todavía puede ir a mejor. Además el día acompaña, un sol magnífico sin que llegue a derretirnos y una ligera brisa son más que suficientes para que, viendo a Luis G. subir la placa me entren ganas de pegar un salto detrás de él, pero hay que esperar y aprovechamos para pegarnos una buena sesión de fotografía. Que si mira a aquellos en la Sur del Torreón, o esos otros en la María Luisa...

En la segunda reunión, con la Punta Maria Luisa de fondo
En cuanto despega José Antonio, empiezo el tercer largo (V). Se trata de una bonita placa. Pese a no ofrecer especial dificultad resulta difícil proteger los primeros metros hasta que se llega a un pequeño resalte que forma un arco en el que habrá que colocar un friend pequeño-mediano. También se puede asegurar en una fisura que tenemos a mano derecha y que se alcanza antes que el resalte con algún friend pequeño. Asegurado el paso se supera el resalte y se continua por placa fisurada en la que encontraremos algún clavo y completaremos con algún empotrador, todo recto hasta una cómoda plataforma en la que se monta la reunión (clavos).

Arriba y en las fotografías posteriores, detalles del tercer largo (V)




El cuarto largo (V+) presenta el paso más difícil de la vía, que tiene algún clavo y se puede proteger a placer pero es un quinto de esos "de Galayos". Le toca el turno a Luis M. que supera el diedro que tenemos enfrente hasta un techito que se sortea hacia la izquierda (este es el paso) con una colocación impecable de los seguros, como acostumbra. Tras superar este paso, encontramos un diedro fácil (IV+) que se sigue hasta la reunión. En cuanto Luis llega arriba nos da el pistoletazo de salida y Miriam y yo disfrutamos como enanos del largo y hasta tiramos algo de video con la total seguridad de que colgamos de una reunión impecable.

Miriam en el V+ del cuarto largo
En este instante siento que acabamos de cogerle el punto a la roca y que el prolongado tiempo transcurrido desde la última escalada en terreno parecido, creo recordar que en el Pico de la Miel, en la Cabrera, no ha existido. La realidad es que la Oeste de la Aguja Negra es una gozada. Allí donde echas la mano encuentras buenas presas y a pesar de la verticalidad y la incertidumbre propia de la calidad de los seguros de autoprotección propios de la escalada clásica, la sensación de seguridad es muy reconfortante. Comparada la sensación que ahora me invade con la que sentí hace dos años en esta misma escalada no puedo negar que la seguridad de conocer la vía y estar escalando con seis amigos en vez de un solo compañero y con muchos más metros de trepadas a las espaldas elimina una parte muy considerable del carácter de aventura pero, curiosamente, nada en lo que al disfrute se refiere, al placer, que en definitiva es lo que aquí buscamos. Espero que no sea un signo de madurez porque eso podría ser el principio del fin... bueno quien piensa igual sé que me entiende.
El quinto largo (V) nos lleva directos al Jardín de los Botánicos. El nombre lo entendemos en cuanto llegamos. Se trata de una amplia horcada en la que se separan ya claramente la Aguja Negra y la Torre Amezúa en la que una especie de helechos (lo siento pero mis conocimientos de botánica me impiden afinar más) desprenden un fuerte ¡olor a pies! No hace falta ni decirlo, el largo, como todos, espléndido.

Jardín de los Botánicos
Hacia la izquierda, por una sucesión de pequeños diedros continua el sexto largo (V) hasta un bloque que forma un pequeño techo en el que Luis monta la penúltima reunión.

Arriba y abajo, secciones del sexto largo (V)

El último largo (V) es especialmente vertical, sobre todo al principio. Se sale con tendencia hacia la derecha hasta que un paso aéreo da acceso a una serie de fisuras y placas muy disfrutonas que desembocan en la cima de la Aguja Negra.

En la salida del último largo (V)

Llegando a la cima




Una cuantas fotos, abrazos, intercambiamos impresiones con una cordada que ha subido por una vía más a la izquierda, y montamos el rapel que está de cara al Espaldar, unos metros a la derecha según llegamos a cima. Recuerdo como la primera vez una cordada desde el Torreón nos tuvo que gritar para ayudarnos a localizar el rapel porque no nos habíamos preocupado mucho por el tema del descenso. Luego he sabido que también se puede destrepar, sin necesidad de montar el rapel, pero de común acuerdo decidimos usar la cuerda, ¡que para eso la cargamos leñe! Hay que tener cuidado de no irnos hacia el precipicio que parece el descenso evidente a nuestra derecha, según rapelamos. Un poco a la izquierda, tras unos 8 metros de rapel localizamos una nueva instalación para rapelar definitivamente hasta el Espaldar. Andando hacia la izquierda y luego de frente, con la impresionante vista de la Sur del Torreón de decorado, destrepamos con precaución la canal hasta una instalación de rapel que encontramos cuando ya no se puede destrepar más. Unos cincuenta metros y ya estamos en la canal de la Aguja Negra por la que descendemos, no sin complicaciones, pues es algo delicada y más si la encontramos mojada, como fue el caso, hasta las mochilas.
Recogemos con calma, tomamos un tentempié y en hora y media estamos de vuelta en el coche. Son casi las 20,00 h. con lo que hemos echado una jornada bien completita.
Datos prácticos:
¿Cómo llegar a Los Galayos?
Desde Madrid tomamos la A5, carretera de Extremadura, hasta el kilómetro 91, donde cogemos el desvío hacia Arenas de San Pedro. En Arenas de San Pedro una señal indica hacia Guisando y El Hornillo. Tenemos que ir a Guisando, unos tres kilómetros, y desde aquí hasta la plataforma del Nogal del Barranco (otros tres o cuatro kilómetros), donde dejamos el coche. En total, casi 180 kilómetros que se hacen en unas dos horas o dos horas y media.
Dificultad: III+, IV, V, V+, V, V, V. A pesar de que en alguna guía se gradúa muy moderadamente la dificultad de la vía, la longitud, el carácter alpino y la espartana política de colocación de seguros fijos propia de Los Galayos, no la hacen ideal para aprendices aunque con un nivel de V en deportiva, algo de cabeza, y cierta práctica en la colocación de fisureros cualquiera disfrutará porque tampoco es difícil.
Longitud: 300 metros.
Horarios: para la vía calcular entre 3 y 5 horas, más tirando a cinco. Desde la Plataforma del Nogal del Barranco al pie de vía, 1 h. 30 m. y el descenso poco menos. A poco que nos entretengamos y comamos algo la actividad se nos pone tranquilamente en 9 o 10 horas.
Material: cintas largas, un juego de friends y otro de fisureros. Como siempre, y aquí más que nunca, casco. Todos los largos rondan los 45 metros. Lo normal será llevar cuerdas de 60 metros.
Bibliografía:
- Escaladas en el sureste de la Sierra de Gredos, riscos de Villarejo, Galayos y Torozo, de Gabriel Martín, editada por Desnivel Ediciones, pág. 46.
- Las 100 mejores escaladas de la zona centro, de Pablo Aguado y David Gómez, editada por Barrabés Editorial, pág. 200.
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10 Octubre 2009
El invierno de 2009 ha sido el mejor en unos cuantos años para la práctica del esquí de travesía. De hecho, ha sido tan bueno que habré acumulado más de 25.000 metros de desniveles positivos y algún compañero de los habituales ha superado los 40.000. Vamos que hemos estado todo el invierno dándole bien. Ha sido hasta ahora el mejor de mi vida.
Animados por Luis Martínez y sin hacernos de rogar mucho nos ha dado por participar en alguna competición. Aunque entiendo que la competición es totalmente ajena a los valores fundamentales de la montaña, es otra faceta más que me ha resultado muy divertida y aconsejo a cualquiera. El ambiente es en general muy bueno y he conocido travesías muy bonitas en distintas montañas a las que de otra forma probablemente no hubiera ido nunca.
Empezamos con la XII Cronoescalada Nocturna de Pas de la Casa, organizada por el Club Alpin Andorrà la noche del 13 al 14 de diciembre de 2008. Luego vino la Altitoy 2009 los días 31 de enero y 1 de febrero de 2009, altamente recomendable y que seguro repetiremos. Más cerca de casa participamos en la prueba organizada por el Club Candás en Navacerrada valedera para el Campeonato de Madrid el 14 de febrero. El 28 de febrero, también en Navacerrada, la IV Cronoescalada Rasca patrocinada, como otras, por el Rincón de la Montaña. Y, por último, la penúltima prueba del Campeonato de Madrid, el V Trofeo del Club Alpino Tajahierro, en la estación de Alto Campoo el 15 de marzo de 2009. Pudieron haber sido más pero la Travesía Tres Circos en la Sierra de Gredos al final no se celebró y alguna que nos saltamos porque hay que hacer un poco de todo. Entre medias varias salidas a Pirineos, Picos de Europa, Sierra de la Demanda, Gredos.
Para acabar la temporada planteamos subir al Aneto por la vía normal de la Renclusa y el Portillón Superior y bajar luego por el Glaciar de Aneto y el Forau de Aigualluts, la ruta con esquís más clásica de los Pirineos. Sin ser en ningún momento difícil sí es dura pues acumula casi 1.700 m. de desnivel de subida y otros tantos de bajada. El descenso, si tenemos suerte de cogerlo con buena nieve, sería para repetirlo mil veces. Nos sentimos en forma y para disfrutar más el descenso decidimos hacerlo en el día con poco peso aunque también se puede dividir en dos etapas, durmiendo en el Refugio de la Renclusa.
Aprovechando el puente del 1 de mayo, bendito día del trabajo, salimos el día de fiesta de Madrid hacia Benasque (unas seis horas) Miriam López, Eduardo, Luis Martínez, Luis González y Pablo Parrón. Nos tomamos el viaje con calma y comemos tirados en una especie de parquecillo a la salida de Huesca unos bocatas con pan recién comprado. Llegamos tranquilamente a Benasque y damos una vuelta por el pueblo cayendo en la tentación de entrar en alguna tienda. Antes de que anochezca llegamos al Camping Municipal de Benasque. Aunque no está abierto se puede pasar la noche bajo unos buenos techos en un edificio a la entrada, aunque también hay bastante gente con furgonetas y alguna tienda. El camping está en el desvío de la pista que va al Valle de Vallibierna, mejor acceso para el Corredor Estasen o la normal del Aneto por este valle hasta el Collado de Coronas, más entretenida que la normal por la Renclusa y muchísimo menos frecuentada.
El tiempo no está nada claro y cuando nos metemos en los sacos se levanta algo de viento. Enrollado en el saco de plumas doy alguna vuelta para contemplar las estrellas cada vez más tapadas por las nubes. A lo largo de la noche hay ratos en los que un tintineo suave despierta los sentidos, está lloviendo pero es muy suave y no parece que vaya a más. Siete horas durmiendo mejor que en casa y a las 6,00 h. suena la alarma.
Empieza a amanecer y está muy nublado pero no llueve ni hace frío. Desayunamos rápidamente y nos montamos en el coche para subir hasta los Llanos del Hospital. Desde aquí mismo más de un metro de nieve cubre la pista y empezamos nuestra excursión.

Camino de Llanos del Hospital
Con las pieles bien colocadas desde la noche anterior, comenzamos por la pista en suave ascenso al lado de las huellas de esquí de fondo. Un placer de esta travesía es que no hay que hacer ningún cambio de pieles. Desde el principio hasta la cima del Aneto, donde se quitan las pieles, y directo hacia abajo hasta el punto de partida, sin tener que volver a colocar las pieles ni una sola vez. Son casi las ocho y, aunque no cae ni una gota, está tan nublado que no podemos dejar de pensar en la posibilidad de que en cualquier momento se jorobe el tema y haya que darse media vuelta.
La pista lleva hasta un llano amplio, el Plan de Están. Nada más empezar el llano giramos ligeramente hacia la derecha para ganar altura en travesía ascendente. Tras una zona de pinos llegamos directos al Refugio de la Renclusa (2.140 m.). Si hay buena huella no hay problema pero si no es difícil acertar con la salida directa al refugio y a poco que nos descuidemos saldremos más arriba. Hoy, dos de mayo, un buen reguero de esquiadores nos precede, muchos ataviados con monos de competición que dan un alegre y colorido tono al recorrido. Hasta aquí unas dos horas y 400 metros de desnivel.

Amaneciendo, en el Plan de Están
El pequeño refugio al lado de la Renclusa, casi imperceptible por la enorme masa de nieve que lo engulle, da idea de la masa blanca que nos rodea. Tomamos unas barritas y algún caramelo y en poco más de diez minutos salimos en dirección SO camino de un gran bloque que destaca entre la nieve y que se conoce como la Piedra del Marqués. La pendiente se va pronunciado poco a poco y seguimos en dirección SO hasta el paso del Portillón Superior (muy raro sería que no hubiera huella), una brecha que da acceso al Glaciar del Aneto (2.850 m.). Un buen atasco para bajar por el Portillón nos entretiene una buena media hora. Con los esquís a la espalda y cada cual como mejor lo ve unos bajan con crampones, otros con piolet y todas las combinaciones posibles, y siempre con precaución. Son unos 40 metros de destrepe sencillo en un ambiente totalmente pirenaico, hasta llegar al Glaciar del Aneto, desde donde ya se ve claramente la larga travesía que queda hasta la cima. Desde que salimos del refugio hasta aquí las nubes se han ido disipando y ahora luce un sol radiante, cosas de la naturaleza, pero no más que nuestras caras al ver la bajada que nos espera.

La Renclusa


Camino del Portillón Superior



Destrepando el Portillón Superior

El Portillón Superior desde el Glaciar del Aneto
Hace ya un rato que Eduardo nos ha abandonado porque en una mala pisada en la nieve profunda se ha hecho daño en la rodilla y prefiere volverse. El compañero sube con raquetas y hay tanta nieve que prácticamente nadie sube hoy sin esquís o raquetas, la subida a pelo es una pequeña proeza y si las raquetas son pequeñas tampoco deben hacer buen apaño.
Después de todas las salidas de esta temporada subimos fuerte y no tardamos mucho en empezar a sudar como pollos, hasta que llegamos a la entrada del Paso de Mahoma, donde nos quitamos los esquís y nos ponemos a la cola de la auténtica muchedumbre que estamos aquí reunidos. Uno por uno vamos pasando los bloques horizontales de la fina línea que nos separa de la cima del Aneto y que vemos claramente. Si bien el paso no es difícil (II-), la verticalidad de los precipicios que se abren a cada lado puede hacer aconsejable el uso de la cuerda, pues un mareo aquí no sería buena cosa. Y quien no quiera aglomeraciones tiene unas cuantas recetas para llegar hasta este punto por otras rutas (véase Corredor Estasen o cresta Salenques-Tempestades).

Una buena huella atraviesa el Glaciar del Aneto hasta la cima

Paso de Mahoma

En la cima

Espectacular, la arista por la que se llega a la cima del Aneto por el Corredor Estasen

De vuelta por el Paso de Mahoma
En la cima el tiempo es perfecto y nos tomamos nuestro tiempo para tirar unas cuantas fotos y disfrutar de la panorámica. Vuelta otra vez por el Paso de Mahoma y antes de comenzar el descenso aprovechamos para comer algo. Nos esperan 1.600 metros de desnivel, todo descenso por nieve virgen. A pesar de las numerosas trazas de gente que ha bajado antes, siempre es posible ir por zonas sin huella y el descenso es evidente, primero por el Glaciar de Aneto y luego hacia Aigualluts donde la pendiente se relaja y no queda más que seguir hasta La Besurta y tomar la pista, ahora inexistente por la nieve, hasta los Llanos del Hospital, de donde partimos hace unas 10 horas. Se dice que es el mejor descenso en esquís del Pirineo y se puede hacer hasta junio o incluso julio en años excepcionales, si bien al final de temporada hay que prever que la nieve nos abandonará normalmente a la altura de Aigualluts.

Primeros giros de uno de los mejores descensos de Los Pirineos




Vista atrás al largo descenso realizado


El Plan de Están al atardecer

Disfrutamos el largo descenso como corresponde al último grande de una temporada perfecta con una nieve polvo de envidia. Al final la nieve se presenta más paposa por el efecto del calor que nos ha acompañado casi toda la jornada y un par de enganchones a toda velocidad me hacen dar sendas vueltas de campana al más espectacular estilo free ride con aterrizaje de emergencia incluido. Con nieve hasta las orejas después de cada revolcón lamento haber subido tan rápido y no haber reservado más fuerzas para la bajada, algo que no olvidaré para la próxima porque esta actividad es de las de repetir más de una vez.
Datos prácticos:
¿Cómo llegar a Benasque?
Desde Madrid por la Nacional II hasta Zaragoza y luego desvíos sucesivas hasta Huesca, Barbastro, Graus y, por fin, Benasque. Desde Benasque continuar la carretera recto dejando a la derecha el desvío a las pistas de esquí de Cerler y tomando más adelante el desvío hacia el Hospital de Benasque. Si la pista está abierta, normalmente a final de temporada, se puede seguir hasta la Besurta. En total, unos 550 kilómetros y entre seis y siete horas de viaje.
Dificultad: Las únicas dificultades técnicas en la ascensión al Aneto por la ruta normal de La Renclusa las encontraremos en el descenso del Portillón Superior, con los esquís a la espalda y, según las condiciones, crampones y/o piolet (normalmente una escalera de nieve poco difícil), y el Paso de Mahoma (II), no difícil pero con un patio impresionante a ambos lados, en el que no hay que dudar si no se ve claro en usar la cuerda. En lo que toca al esquí, la bajada no es difícil y las caídas normalmente no serán expuestas. Algo más de cuidado en el tramo desde el Paso de Mahoma hasta las cercanías del Collado de Coronas, es decir, al principio. Apto para cualquiera con un nivel mínimo aunque de ello dependerá en gran medida el placer de la actividad (BEA-S2).
Desnivel: Desde el Hospital de Benasque hasta el Refugio de la Renclusa unos 400 metros. De la Renclusa a la cima del Aneto unos 1200 metros. Todo del tirón unos 1.600 metros de desnivel. Lo mejor de hacerlo de en una etapa es que podemos ir con el material de excursión de un día y disfrutar el descenso con menos peso. Además, si se hace noche en La Renclusa hay que contar con que a la bajada no pasamos por allí, con lo que habrá que cargar el día siguiente con el mismo peso. Lo peor, que es una paliza soberana si no se está algo entrenado.
Horarios: Desde el Hospital de Benasque hasta la Renclusa 1,30-2 h. Desde la Renclusa hasta la cima entre 4 y 6 horas. Unas dos horas para el descenso hasta la Besurta y una media hora más hasta el Hospital de Benasque. Nosotros tardamos diez horas. En general, contando descansos, prever entre 10 y 14 horas.
Material: crampones, arva, pala, sonda, y casco para el descenso. Aunque el piolet no es imprescindible, pues vamos con los esquís y bastones, podemos añadir piolet ligero, y arnés y cuerda o cordino (de 30 metros más que suficiente) para el Paso de Mahoma.
Bibliografía:
- Desnivel nº 198, mayo 2003. Pág. 58.
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23 Noviembre 2008
Parece que este año el invierno va a venir cargadito de nieve, al menos eso parece presagiar la borrasca que en la última semana ha barrido toda la península y ya ha pintado de blanco la Sierra de Madrid. Después de dos años muy flojitos en lo que a nieve se refiere, estamos a principios de noviembre y la temporada de nieve ya empieza a anunciarse a bombo y platillo en los medios de comunicación. No obstante, tampoco es normal que en fechas tan tempranas ya sea posible subir a Peñalara, la cumbre más alta de la Comunidad de Madrid, con los esquís.
A pesar de ello, para el domingo 9 de noviembre de 2008, decidimos acercarnos a escalar una vez más al Pico de la Miel, en La Cabrera. Nos juntamos Luis Sebastián, Fernando Blas y Pablo Parrón con idea de hacer la Superpiloto. Pese a que la mayor parte de su trazado coincide con la Piloto, que los tres hemos hecho y repetido varias veces en ocasiones anteriores, los largos segundo y tercero son diferentes y presentan superior dificultad.
Superpiloto
El primer largo (IV-) comienza por un diedro tumbado que tras los primeros metros disminuye su dificultad y se protege bien con friends pequeños y medianos. Aunque la primera reunión suele montarse en el castigado arbolito que hay al final del diedro (¡apostaría a que es el arbolito en que más reuniones se han montado a lo largo del tiempo en un buen número de zonas de escalada a la redonda!), Luis empalma el que normalmente sería el segundo largo hasta la siguiente reunión (parabolts con argolla). Del arbolito se sale recto, por placa protegida con tres parabolts (V-), o bien a la izquierda, más fácil pero hay que proteger con cacharros. Si siguiéramos por la vía Piloto, habría que salir del arbolito hacia la derecha hasta una zona de bloques por la que se sigue recto hasta la reunión (IV+). Con los dos largos juntos sale uno de 55 metros.
En los primeros metros del primer largo
El segundo largo (V+) empieza por un diedro bastante vertical en el que se empotran bien los pies y se protege con friends medianos-grandes. Superados unos cinco metros por el diedro nos asomamos al murito de nuestra izquierda y vemos un reluciente parabolt por el que sigue la Superpiloto. Remontado el murito encontramos una placa de difícil protección en la que hay colocados otros dos parabolts aunque algo alejados. Tiro de la cinta en los dos primeros parabolts aunque luego hay que darse algún metro en libre entre ambos. Abandonamos la placa hacia la izquierda rodeando un techo característico y ya por terreno sencillo de bloques llegamos hasta otro arbolito en el que se puede montar reunión, aunque es mejor, si no está ocupada, la reunión montada unos tres metros más arriba justo encima del techo y común con varias vías como la Piloto. Muchas cordadas optan en este largo por no abandonar el diedro inicial y seguir hasta la base del techo desde el que, en travesía hacia la derecha, se enlaza con la Piloto, algo más fácil.
En el comienzo del segundo largo
El diedro se abandona hacia la izquierda
A Fernando le toca el tercer largo (6a/A0), que empieza por una placa con pequeños agarres protegida con tres parabolts que se pueden acerar perfectamente y dan paso a una ancha fisura más sencilla (IV+), disfrutona y de fácil protección con friends medianos. Es un largo que siempre me ha resultado muy agradable y el día acompaña, frío justo para escalar a gusto con el forro y jodido sin él, y un pedazo sol de otoño que quita el hipo.
Salida de la segunda reunión
con la placa del tercer largo arriba
En medio de la placa
En la amplia fisura que sigue tras la placa
Luis hace el último largo (IV+), por bloques y luego a la izquierda remonta un paso fácil pero más vertical hasta una placa que acaba en los bloques inmediatos al bloque cimero del Pico de la Miel, o si lo preferimos, montando la reunión con una cinta en el mismo hito del vértice del pico.
Cima del Pico de la Miel
El descenso puede hacerse por cualquiera de los dos lados del Pico de la Miel, si bien en este caso es preferible hacerlo por la vertiente oeste en la que encontraremos un marcado camino que en unos quince minutos nos deja al pie de la pared. Si preferimos bajar por la vertiente este tendremos que hacer un pequeño destrepe por el callejón Soyermo y recorrer toda la pared para volver a por las mochilas.
Datos prácticos:
¿Cómo llegar a La Cabrera?
Desde Madrid hay que coger la Carretera de Burgos (A1) hasta la salida 57 en la que veremos la señal del pueblo de La Cabrera. En total unos 60 kilómetros. Enseguida entramos en la Calle de los Colegios, que seguiremos varios metros, hasta un callejón sin asfaltar a mano derecha (Calle de la Sierra), en la que dejamos el vehículo (ver el trayecto en la web de Viamichelin).
Desde aquí sube un camino que debemos seguir con tendencia hacia la derecha hasta un rellano desde el que sale un camino entre las jaras a la izquierda (hay que ir atentos porque es fácil pasárselo). Este camino enfila ya directo a la base del Pico de la Miel. Antes de llegar a la base el camino se bifurca en dos. El de la derecha se dirige hacia el callejón Soyermo y debe tomarse para acercarse a la base de las vías Ezequiel, Espolón Manolín, etc. El de la izquierda nos conduce al inicio de la Superpiloto, Piloto, Lola Flores, Chocolate y otras. Desde el vehículo hasta la base de las vías tardaremos unos 20 minutos.
Dificultad: IV- (o V- si empalmamos los dos primeros largos), V+, 6a/A0, IV+.
Longitud: 150 metros.
Material: cintas exprés y un juego de friends. También alguna cinta larga para reuniones en árboles. Casco. De no hacer en libre el 6a del tercer largo se puede tirar perfectamente de las cintas sin necesidad de estribos.
Bibliografía:
- Guía de escaladas en la Sierra de la Cabrera, de la Federación Madrileña de Montañismo, editada por Desnivel Ediciones, pág. 40. Reseño esta guía porque es la única que conozco de La Cabrera pero desde luego no puedo recomendarla porque son muchos los errores y discrepancias de grado que encontraremos en la misma. Existe otra guía cuyo autor es José Luis Salcedo, editada por Barrabés, que casi con total seguridad es mucho mejor.
- Una buena reseña con un buen croquis.
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